Ámate más en San Valentín

Lea la opinión de la educadora en salud Lilly Rivera

Por Lilly Rivera

Ahora mismo en cualquier lugar del mundo hay alguien llorando porque lo dejó su pareja o porque le puso fin a una relación. ¿Cómo duele el desamor, verdad? Y si ocurre durante la Semana de San Valentín, más todavía. Cuando amas y te dejan o dejas, se siente en el estómago. Es un dolor aplastante con “impresión” de nunca acabar. Hay que botar el golpe. Nada pasa con sentir tristeza, frustración o coraje. Esas emociones son naturales, hay que enfrentarlas, soltarlas y reponerse. La vida continúa, aunque no lo veas ahora, después de una ruptura amorosa.

Con el tiempo, te das cuenta de que mejor no pudo ser. Te secas las lágrimas y retomas lo que habías dejado atrás por esa relación. Empiezas a ir al gym, a llamar a tus amistades olvidadas, a ponerte la ropa que tanto te gustaba y ya no usabas, a fijarte en ti. La gente, poco a poco, empieza a decirte lo bien que te ves ahora. En fin, parece que volviste a nacer, regresó el brillo a tu rostro.

¿Sabes qué pasó? Que te juntaste con alguien dispar a ti y creaste la ilusión de perfección cuando, por el contrario, tu pareja ni iba con tus intereses, ni tú con los de ella; ni se acercaba a lo que mereces, ni tú a lo que ella merecía. Tu ex es alguien incapaz de amar como quieres que te amen, de crecer sin dañar al otro, o reconocer que somos distintos, pero con el mismo propósito: amar, respetar, admirar, y gozarse la vida.

Si te dejaron, yo tú le envío un thank you note, porque ese alguien de seguro hizo lo que tú no quisiste hacer, aun cuando tenías las señales obvias de que la relación no era para ti.

La vida te ha brindado tremenda oportunidad para madurar y reconocer lo que funciona o no. De hoy en adelante, ámate más. Primero tú, segundo tú y tercero tú. Date cariño. Vístete como quieras. ¿Quieres cortarte el cabello, teñirlo de otro color, o hacerte un tatuaje? Hazlo. Déjate o quítate la barba. Hazte la pollina que hace tiempo querías, aunque te quede fea, si te gusta. Quédate en tu casa el fin de semana viendo Netflix y saboreando tu pinta de mantecado favorito. O vete de jangueo a donde te gusta y habías dejado de ir.

Descarta a esas “amistades idiotas” que tolerabas por tu pareja. Ten las tuyas, como te agradan, y cultívalas.

La próxima vez que se aproxime alguien a tu vida incompleto o con necesidad de que alguien le resuelva sus asuntos, déjalo que siga su camino. Tú no eres el Mago Merlín. Admite en tu vida gente que te llene, que te inspire, que te complemente, que le añada valor a tu existencia.

Nunca te metas en una relación que te reste. Si tienes que pasar trabajo para convivir con alguien, esa es la alarma (bandera roja) de que debes salir de esa relación cuanto antes.

Desarma la creencia de que “debes” transformar a tu pareja. Tú no transformas; tú vives, amas y gozas.

Vivir sin pareja es divino porque te tienes a ti mismo completito para ti, junto a esto hay que tener vínculos siempre para contar con apoyo, poder compartir intereses, cariño y conversaciones afines. Tener pareja —lo cual es una posibilidad— también es rico cuando la relación es compatible para ambos. Yo diría que es “una lotería”. Ante lo uno o lo otro, saborea tu ser, ámate más, celebra cada día con la mejor compañía, esa que siempre anda contigo pa' arriba y pa' abajo en las buenas o en las malas, ¡tú mismo! Happy Valentine’s Day!

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