Incidencia de influenza es mayor entre los infantes

Los menores entre los cero y nueve años de edad son los más afectados en lo que va de temporada de la enfermedad en Puerto Rico

Por David Cordero

Los infantes de cero a cuatro años constituyen el renglón de edad con más casos de influenza reportados en Puerto Rico hasta la fecha, de acuerdo con los datos disponibles más recientes del informe semanal de vigilancia de la enfermedad en la isla.

El aumento, de hecho, ha sido consistente durante las últimas tres semanas reportadas, con registros de casos de más de 500 durante la semana 43, y superando los 700 en la semana 45. El periodo analizado cubre desde el 21 de octubre hasta el 10 de noviembre de 2018.

Consistente con esos datos, el segundo renglón con más casos reportados es el de cinco a nueve años de edad, con registros que ya superan los 600 casos dentro del mismo periodo.

“Verdaderamente, la vacunación es importante, y la Sociedad Puertorriqueña de Pediatría recomienda que los niños de Puerto Rico se vacunen”, doctora Vanessa Santini Hernández y presidenta de la Sociedad Puertorriqueña de Pediatría

Las cifras de la temporada actual en general sostienen que el número total de casos reportados hasta el momento está por encima del umbral histórico, pero por debajo del umbral de alerta, de modo que no están presentes las condiciones para que se declare una epidemia. Por lo general, se espera, además, un aumento de casos desde octubre de este año hasta marzo de 2019, periodo que recoge los picos de la temporada.

Sin embargo, ante el aumento en casos en el renglón de los infantes especialmente, es necesario poner en práctica cuanto antes los métodos de prevención y protección disponibles, indicó la doctora Vanessa Santini Hernández, presidenta de la Sociedad Puertorriqueña de Pediatría (SPP).

“La media universal de control de infecciones es el lavado de manos”, enfatizó, al tiempo que recordó el modo adecuado de realizar ese lavado: por un periodo de 20 segundos, utilizando agua y jabón en la palma de las manos, el dorso, entre los dedos y las uñas.

Además, enfatizó en medidas de prevención fáciles y básicas, como el taparse la boca al toser utilizando el brazo y no las manos, o pañuelos desechables y que se boten en un zafacón distinto del que utiliza el resto de las personas alrededor.

Énfasis en la vacunación

Además de estas medidas, la pediatra hizo énfasis en la importancia de la vacunación contra la influenza, comenzando en los infantes de seis meses en adelante, tal cual lo recomiendan los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, en inglés).

“Verdaderamente, la vacunación es importante, y la Sociedad Puertorriqueña de Pediatría recomienda que los niños de Puerto Rico se vacunen, para tratar de evitar epidemias y complicaciones tan serias como lo que podría ser la muerte por esta enfermedad”, afirmó Santini Hernández.

La pediatra explicó que los infantes deben recibir una primera dosis a los seis meses de nacidos y, luego, una segunda un mes después. Luego, la vacuna debe administrarse anualmente, cada temporada, no más tarde de principios del mes de octubre de cada año.

“El que no se ha vacunado al día de hoy ya está tarde y está más propenso a contagiarse y producir lo que está ocurriendo, un aumento en la incidencia de esta enfermedad, que uno tiene que tener mucho cuidado que no se vaya de las manos”, indicó, al tiempo que exhortó a la ciudadanía en general y los padres, a llevar a sus hijos a vacunar.

La vacuna lo que va a hacer en tu organismo es producir las defensas o anticuerpos contra la enfermedad. Esas vacunas están procesadas de forma tal que lo que van a hacer es protegerte a ti de que no te dé la enfermedad, con toda la gama de complicaciones que puede dar si tú no te vacunas”, expresó la doctora.

La también administradora de hospitales sostuvo que la vacuna intramuscular debe administrarse en el muslo izquierdo en los menores de 18 meses de nacido y en el antebrazo izquierdo en cualquier persona mayor de 18 meses (un año y medio).

Asimismo, explicó que los efectos adversos que produce la dosis son locales. Es decir, que lo que puede experimentar la persona al recibir la vacuna es dolor, hinchazón y/o enrojecimiento en el área donde se administre, así como un aumento de temperatura en la persona. La doctora argumentó que, en cualquier medicamento, en cualquier edad, existe la posibilidad de un efecto adverso, aunque exhortó a los padres a despejar los temores, frente a los beneficios de la vacunación y la prevención de complicaciones en caso de contagio.

“Ha habido estudios que no relacionan el vacunar contra la influenza con el síndrome de Guillain-Barré y hay otros estudios que sí lo relacionan, pero cuando la relacionan, dicen que si esto ocurriese, es uno o dos casos por millón de dosis (de vacunas)”, sostuvo.

De acuerdo con una encueta realizada en octubre por el C.S. Mott Children’s Hospital respecto a la vacunación contra la influenza, el 34 % de los padres encuestados a nivel nacional respondió que no tenías planes de  que sus hijos recibieran la vacuna este año. Durante la pasada temporada, murieron 179 niños por influenza en los Estados Unidos. De acuerdo con los CDC, el 80 % de los niños que murieron no estaban vacunados.

Según los CDC:

• Los niños menores de 5 años, en especial los menores de 2 años, corren un alto riesgo de presentar complicaciones graves por la influenza.

• Las complicaciones por influenza entre niños de este grupo de edad pueden incluir neumonía, deshidratación, agravamiento de los problemas médicos a largo plazo, como enfermedades cardíacas o asma, disfunción cerebral, como la encefalopatía e infecciones del oído.

• Los niños menores de 6 meses tienen un alto riesgo de presentar complicaciones graves por la influenza, pero son muy pequeños para ser vacunados; corren mayor riesgo de ser hospitalizados a causa de la influenza en comparación con niños de otras edades, y es especialmente importante protegerlos de la influenza.

• La vacunación puede disminuir la cantidad de casos de influenza, las consultas al médico, el ausentismo en la escuela y el lugar de trabajo y también puede prevenir las hospitalizaciones y muertes pediátricas asociadas a la enfermedad.

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