Rebajó más de 150 libras dejando de comer estos 4 alimentos

Bajó sin hacer dieta y con una aplicación de ejercicios.

Por MB

Sin duda su historia muestra que la voluntad es más fuerte que cualquier excusa para bajar de peso. Casey Gemmell, de 37 años, decidió hace cinco años cambiar su vida luego de posar para una foto, cuyo resultado no le gustó. Ha bajado hasta ahora 70 kilos de los 160 que pesaba y reúne fondos para quitarse la piel que ahora le sobra.

La  madre, nacida en Nueva Zelanda, mantiene informados a sus seguidores en Instagram de la lucha por perder peso que comenzó el 2012. Ese año -en la celebración del cumpleaños de su hijo- se disfrazó de Gatúbela, pero cuando vio las fotos publicadas se dijo “esa no soy yo, ¡qué ángulo tan terrible! Pero luego se publicó otra foto, desde un ángulo peor. Seguí esperando un buen ángulo y nunca llegó”.

Decisión de bajar de peso

Entonces tomó la decisión de bajar de peso, pero para ello no acudió a un especialista; simplemente bajó un programa de ejercicios y comenzó su aventura. “Descargué una aplicación llamada 5K Runner, que prometía convertir al usuario en un corredor de cinco kilómetros en ocho semanas. Pensé que probaría que la aplicación estaba equivocada”, comentó Casey al programa Today de Estados Unidos, desde su hogar en Perth, Australia.

Al entrenamiento le sumó el único cambio alimenticio que consideró conveniente: bajó el consumo de pan, pasta, queso y refrescos. “Empecé a cambiar mi dieta simplemente recortando esos cuatro alimentos específicos y nada más”, reveló.

Cuatro meses después acudió al gimnasio, al percatarse que necesitaba algo más que correr para definir su cuerpo. Inició el entrenamiento de resistencia, que hoy en día combina con el running toda la semana.

De su experiencia, Casey quiere transmitir tres claves a quienes tienen su mismo deseo. Primero aprendió que nada llega rápido: “Decidí que si iba a hacerlo, tenía que hacerlo al 100% de la manera correcta y tomarme mi tiempo. Tan pronto como te salgas del esquema en el que estabas, recuperarás el peso, y algo más”.

Comprendió la necesidad de celebrar cada logro, por pequeño que fuese. Lloró la primera vez que subió a un avión y no necesitó la extensión del cinturón de seguridad; y su felicidad fue mayor cuando bajo a las tallas de “ropa de gente normal”.

Entendió que el proceso comenzó con su cuerpo, pero también pasaba por su cabeza. De allí que fue sumando hábitos poco a poco, para ganarle la batalla a la ansiedad, y encontró en su esposo su mayor apoyo. “Espero motivar a otros”, dice Casey con optimismo porque sabe que “hay tantas personas como yo, y quiero que sepan que hay esperanza”.

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