Ciudadanos de segunda… un dejá vu de Katrina

Lea la opinión de Alejandro Figueroa

Por Alejandro Figueroa

En el día de ayer, se celebró el aniversario número 241 de la bandera americana; sin embargo, el día, como muchas otras efemérides que celebra la nación, no debió celebrarse a nivel local, sino llevarnos a reflexionar sobre el trato que recibimos los puertorriqueños que residimos en la isla: un trato de ciudadanos de segunda. Desde el discrimen en cuanto a la participación en programas federales y la falta de representación equitativa en el Congreso, hasta la falta de diligencia y mal manejo por parte de las agencias federales tras el paso del huracán María, si en algo hay consistencia es en que se nos trata como si fuéramos ciudadanos americanos de segunda categoría.

Una investigación recientemente publicada por uno de los medios de mayor prestigio en la nación, y que se distingue por la rigurosidad de su trabajo investigativo, National Public Radio (NPR) y el Public Broadcasting System (PBS), refleja que los esfuerzos de las autoridades federales en Puerto Rico tras el paso de María fueron igual o más desastrosas que lo que aconteció en Nueva Orleans tras el paso de Katrina. 

Según se relata, un mes después de que el huracán María azotara a Puerto Rico, el teniente general del Ejército Jeffrey Buchanan descendió de un helicóptero en Ceiba con la misión de llevar suministros de ayuda a las personas necesitadas. Él y el administrador regional de FEMA, Thomas Von Essen, le dijeron al alcalde de la ciudad y a otros alcaldes de toda la isla que los generadores y los consabidos toldos azules estarían allí en cuestión de días.

Específicamente, prometieron sobre 50,000 toldos azules de manera inmediata y la disponibilidad de 500 generadores que, supuestamente, estaban almacenados en la isla previo a la tormenta y que serían distribuidos de manera oportuna. Sin embargo, la investigación revela que ninguna de esas promesas se mantuvo.

NPR y la serie de PBS Frontline examinaron cientos de páginas de documentos internos de FEMA y correos electrónicos de los encargados del esfuerzo de recuperación en Puerto Rico. En lugar de un esfuerzo bien orquestado, dichos documentos pintan el cuadro de una agencia de manejo de emergencias en caos, incapaz de concretar y manejar contratos clave, lograr acceso a suministros básicos, e incluso con deficiencias, en el reclutamiento y manejo de su propia fuerza de trabajo.

Los documentos muestran que FEMA nunca tuvo 500 generadores en la isla antes de la tormenta; solo tenían 25. En el caso de los toldos azules, lo que FEMA finalmente logró producir fueron 125,000, meses después de que las personas los necesitaran. Cuando se le preguntó qué causaba las demoras, Byrne, de FEMA dijo que era difícil conseguir suministros para Puerto Rico porque es una isla. Sin embargo, hace 20 años, después de que el huracán Georges golpeara la isla, no hubo informes de estos problemas logísticos.

Ante estos incidentes que demuestran el trato discriminatorio a los ciudadanos americanos que residimos en la isla hay que preguntarse: ¿Qué esperamos? ¿Cuánto tiempo más de aceptar el trato indiferente y arbitrario? ¿Cuánto tiempo más de ser la jurisdicción con la mayor tasa per cápita de participación en conflictos bélicos para salvaguardar la seguridad de la nación mientras se nos trata de manera desigual? ¿Cuánto tiempo más de sufrir las consecuencias del trato desigual en programas federales? ¿Qué esperamos para reaccionar? ¿Qué esperamos para exigir lo que nos corresponde por virtud de nuestra ciudadanía? No podemos ni debemos esperar. El momento es ahora. Si no actuamos ahora que Puerto Rico aún permanece relevante en los medios nacionales tras el paso de María, quedaremos en el olvido y seremos meramente otra atracción histórica más, como lo son hoy día los barrios de Nueva Orleans, devastados tras el paso de Katrina.

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