El primer Día de las Madres lejos de casa

Como tantos miles de boricuas, Manuel se mudó de Puerto Rico en busca de un mejor futuro, pero el domingo no podrá compartir físicamente con su madre

Por Ronald Ávila

Llegará el domingo, Día de las Madres. Manuel Crespo Feliciano, un joven periodista de 23 años, abrirá los ojos en una cama que queda a miles de kilómetros de su natal Aguada. Esa mañana, a diferencia de épocas anteriores, no preparará el desayuno que acostumbraba obsequiarle a su progenitora para conmemorar la fecha. Tampoco estará el abrazo, tampoco el beso.

Manuel, quien ahora vive en State College, Pensilvania, emigró en busca de mejores oportunidades el pasado 4 de enero, como hicieron tantos otros miles de boricuas que dejaron la isla tras el azote del huracán María. Le va bien. Tiene trabajo en una plataforma de medios de alcance global, un apartamento y le acompaña su perrito Óscar.

Sin embargo, reconoció que, en el fin de semana, podría abrazarlo la tristeza; ya le ha pasado en otras fechas especiales.

“Cada vez que llega una fecha importante uno añora estar allá”, afirmó a través de una llamada telefónica el graduado de comunicación de la Universidad de Puerto Rico en Arecibo.

Pero, aunque duele, por el momento —agregó— no le queda otro remedio, pues después del ciclón se quedó sin empleo y la única opción para sobrevivir fue partir. 

Luego de terminar el bachillerato en 2017, laboró durante dos meses en un medio de comunicación local. Una vez el fenómeno atmosférico tocó tierra, fue parte del grupo de reporteros que se desplazó a través de la isla —sin importar las vicisitudes personales— para cubrir las incidencias del desastre. Cuando la situación se estabilizó, no hubo más oportunidades en su área de peritaje.

“Como consecuencia del huracán, no pude seguir pagando mi apartamento, perdí el trabajo que tenía. Regresé a Aguada y conseguí otro trabajo en el oeste, pero quería laborar en lo que estudié. En Puerto Rico, por la falta de luz y la situación, no había accesibilidad”, relató.

Ante los efectos del temporal, la incertidumbre reinaba en el país. Miles clamaban por techos, comida, combustible, en fin, un panorama desolador. Manuel no podía esperar. 

“En Aguada, solo había un lugar con Internet. Era un restaurante. Entonces, fui con mi tía y un día cogí el password del wifi. Después iba al parking y me conectaba a buscar trabajos hasta que apareció una oferta”.

Entonces lo llamaron para entrevista en AccuWeather, compañía de noticias del clima, visitada por miles de personas diariamente. Su mamá, de hecho, le prestó unos ahorros para que comprara el pasaje. El 12 de diciembre, aun cuando en su casa no había agua, electricidad y buscaban guardar dinero para cumplir con las obligaciones diarias, partió a los Estados Unidos. Se abrió camino, enfrentó el frío típico de la época navideña, pasó el reto y fue contratado. Luego de eso, empezó el proceso de las despedidas diarias, como él mismo describió.

Manuel trabaja en la plataforma AccuWeather en Pensilvania. Lo acompaña su perrito Óscar. Manuel trabaja en la plataforma AccuWeather en Pensilvania. Lo acompaña su perrito Óscar.

“Cada día sabía que era un día menos que iba a estar con ellos. Ella me cocinaba todo lo que me gustaba y siempre bien pendiente de mí. Cuando llegó el momento de la despedida fue muy fuerte porque no sabíamos cuándo volveríamos a vernos. Mi mamá me dio un fuerte abrazo y me dijo: ‘Yo no voy a llorar porque esto no es motivo de tristeza. Esta separación es necesaria para que tú crezcas y para que tú te desarrolles profesionalmente. Estoy muy orgullosa de ti y siempre vas a contar con mi apoyo’”, contó.

Al tiempo que comenzó a trabajar como periodista multimedia en Pensilvania, el ajetreo diario y las llamadas constantes por Facetime lo mantenían ocupado, “como en unas vacaciones”. No obstante, tras varias semanas, los sentimientos cambiaron. La distancia se sintió cada vez más profunda, y buscaba a su progenitora en los pequeños detalles diarios. “Te levantas y no escuchas el radio encendido que pone tu mamá en las mañanas para escuchar las noticias. O que una vez llegues a casa, la comida esté hecha”, indicó.

También comenzó a experimentar la preocupación constante, porque hace dos años su madre se enfrentó al cáncer. En aquel momento tan difícil, Manuel vivía en San Juan, así que transportarse a Aguada en auto era una tarea fácil. Ahora, ante cualquier eventualidad, le queda todo un mar de por medio, y tardaría horas en llegar.

Pero a pesar de todo, la fortaleza de su mamá lo alienta a continuar. Ella, sin duda, es su fan número uno. Todos los escritos de Manuel, así como sus intervenciones en vivo en el ala anglosajona de la empresa para la que trabaja, llegan hasta los aguadeños más desconectados, pues Aida Feliciano —como se llama— se encarga de darle todos los shares posibles.

“No hay nada que yo ponga en mis redes sociales que ella, al minuto, no lo comparta. A veces me dice que lo compartió y que alguien de Aguada la paró en la calle para felicitarla. Ella siente que soy una estrella, y yo lo que hago aquí es trabajar”.

El joven, por su puesto, no está lejos de la realidad. Aida, aunque siente también la lejanía, emana orgullo por su bebé.

“Estoy triste porque es el primer año que voy a pasar las madres sin él, pero me reconforta saber que él está progresando y está buscando su bienestar”, comentó la maestra bibliotecaria con más de 25 años de experiencia.

Lo que más extraña de su hijo, añadió, son las conversaciones constantes, que no son iguales a través de los dispositivos digitales, porque ambos son muy expresivos.

“Siempre me abrazaba y me decía que era linda”, recordó.

Para el domingo aún no está preparada. Prefiere, de hecho, no pensar en eso. “Es mejor vivir el día a día”.

Manuel, por su parte, se ha convertido en todo un alcahuete. Aunque el Día de las Madres no estará en la isla, le compró un regalo a su mamá, que de hecho ya llegó. “Es un air fryer. Ella estaba ahí tirándome indirectas todo el tiempo. Estaba celosa porque yo tenía uno y, pues, se lo envié, le llegó por adelantado”.

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