Conoce los beneficios de esta técnica quiropráctica

Aunque la técnica Graston no es nueva, pues al principio la utilizaban solo los deportistas, su uso se está ampliando al resto de las personas

Por David Cordero

Visitar el quiropráctico les provoca todavía a muchos cierto temor, no porque se dude de la capacidad de estos doctores, sino por miedo al ajuste de columna vertebral, que, si bien puede sonar algo doloroso, también puede traer un sinnúmero de beneficios al funcionamiento del sistema corporal. 

“Imagínate que vayas al dentista a los 40 años. ¿Cómo van a estar tus dientes? Imagínate que llegues a los 40 años y vayas al quiropráctico. ¿Cómo va a estar tu espalda?”, dijo el doctor Oscar Otero, a modo jocoso pero muy en serio.

El quiropráctico, de hecho, habló con Metro sobre una técnica que utiliza, muy famosa entre los deportistas, pero aún desconocida para el resto de las personas que se pueden beneficiar del tratamiento. 

La técnica Graston se comenzó a utilizar hace 20 años y es una forma patentada de instrumentos asistidos para movilización de tejidos blandos que permite a los terapeutas romper eficazmente el tejido de la cicatriz y las restricciones de la fascia inflamada.

“Hay cicatrices que forman como unas adherencias que pueden provocar dolor, inflamación o limitación de movimiento. Entonces, cuando untas la  crema, buscas dónde está la restricción de movimientos y empiezas a hacer la técnica, y empieza poco a poco a romper la cicatriz, y eso entonces ayuda también a que el colágeno interno del cuerpo puedo sanarse mucho más rápido”, explicó Otero.

“Lo que estamos creando es un microtrauma natural para acelerar el proceso de rehabilitación y que entonces el mismo cuerpo tenga una sanación más rápida”, indicó el quiropráctico.

En sus inicios fue desarrollada para lesiones en deportistas, pero en la actualidad se utiliza para muchas condiciones de inflamación de tejidos en todo tipo de individuos, lo que la hace innovadora para el resto de las personas que deseen beneficiarse de la terapia.

“Viene un paciente a mi oficina con dolor de espalda, cuello, hombros, etcétera, y yo puedo empezar a hacer un ajuste porque obviamente va a corregir el problema en la columna y ayuda a la comunicación del nervio”, dijo el doctor Otero.

“Pero si tengo también limitación de movimiento porque tengo mucha inflamación, yo aplico el Graston, y lo que hace entonces es que me va a ayudar a que ese músculo se rehabilite más rápido y la inflamación baje más rápido”, añadió el quiropráctico.

La técnica utiliza instrumentos especialmente diseñados de acero inoxidable para la detección y tratamiento de las áreas en el tejido blando que presentan fibrosis o inflamación crónica.

La técnica se combina con ajustes y ejercicios, y, generalmente, el tratamiento consta de cuatro a ocho sesiones una vez por semana, aunque, en casos crónicos, podrían ser desde seis hasta doce sesiones.

No todo quiropráctico puede aplicar la técnica, ya que debe estar certificado. Además, el quiropráctico debe realizar una evaluación antes de aplicar la terapia, ya sea para utilizar la técnica Graston o cualquier otro tratamiento quiropráctico.

La técnica Graston no es recomendada para pacientes de algunos tipos de cáncer y es importante que el paciente indique si padece de alta presión arterial.

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