Primer implante contra adicciones en Puerto Rico

Se trata del primer procedimiento en la isla para atender adicciones a opiáceos y opioides

Por David Cordero

Como parte de los esfuerzos médicos para atender la adicción a medicamentos opiáceos y opioides, el doctor Juan J. Fumero Pérez realizó el primer implante de buprenorfina en Puerto Rico, llamado probufina.

Dicho procedimiento fue aprobado por la Administración de Alimentos y Drogas (FDA, por sus siglas en inglés) en mayo de 2016.

“Es un procedimiento quirúrgico que se hace en la oficina, una incisión pequeña bajo condiciones para evitar infecciones, y entonces ponemos cuatro barritas del grosor de un espagueti que mide alrededor de una pulgada y media”, explicó el psiquiatra.

“Son cuatro barritas. Se insertan quirúrgicamente en la parte de adentro del brazo, en la parte del mollero, en el lado que da al pecho”, añadió.

Los opiáceos son drogas naturales, como lo es la heroína, que se produce con plantas; contrario a los opioides, que son sintéticos, como medicamentos. Algunos de esos medicamentos mencionados por Fumero son codeína, hidrocodona, demerol, percocet, entre otros.

¿Cómo trabaja la probufina?

A diferencia de la píldora diaria, la probufina funciona en el cuerpo por seis meses. Durante ese periodo, las barritas que fueron insertadas al cuerpo liberan gradualmente el medicamento. 

“O sea que la persona no tiene que seguir tomando por boca el medicamento porque con el implante dura seis meses”, explicó el doctor.

“El implante nos da garantía de que la persona está medicada, porque no se la puede quitar, o sea que asegura que por seis meses la persona está con el medicamento”, añadió.

Este tratamiento es recomendado para pacientes estables, que ya han recibido tratamiento por boca por un periodo de tiempo que podría variar de acuerdo con el paciente.

De acuerdo con Fumero, la persona que recibió el implante en Puerto Rico cumplió siete meses de tratamiento por boca y ya se encontraba estable.

El implante se puede repetir cada seis meses durante dos años.

“Le da tiempo al paciente de organizar su vida. […] A los dos años se sugiere que siga por boca (el tratamiento), pero ya pasó el periodo de mayor vulnerabilidad”, explicó.

Dependiendo del diagnóstico particular del paciente, el doctor determina la dosis que deberá seguir la persona y por cuánto tiempo.

La buprenorfina y el implante, además, son una opción médica para el paciente que acude a los centros de metadona.

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