René Pérez musicaliza su ADN

El rapero puertorriqueño “Residente” lanza su primer disco concepto como solista, luego de disolver su galardonada banda Calle 13. Para este proyecto, emprendió un de “viaje genético” a partir de una prueba de ADN que se hizo, con la finalidad de hacer música integrando los países que lleva en su sangre.

Por Lynet Santiago Túa

Residente conversó con Metro sobre su travesía documentada en un proyecto fílmico que él mismo dirigió y en el que explora culturas y conflictos sociales de países como Nigeria, Siberia, Ghana, Georgia, Armenia, China, Rusia, el Cáucaso, Moscú, Barcelona, Londres, Burkina Faso y Puerto Rico.

¿Será este documental que diriges el preámbulo para diversificar tu carrera entre el cine y la música?
—Estoy metiéndome a dirigir porque es lo que más me gusta. Mi primer plan era ser pelotero; después, dirigir, y, después, rapero. Comencé al revés, pero ahora no creo que pueda ser pelotero. (Bromeó). Me gustaría, todavía falta. Pero no creo que estaré de lleno en el cine porque voy a estar combinando ambas cosas. Pueden convivir.

¿Por qué crees que la industria fílmica no se ha desarrollado como debería con tanto talento en Puerto Rico?
—Aquí hay buenos directores que están saliendo y está la escuela de la producción y todo el aspecto técnico para hacer cine, porque están acostumbrados de afuera y mucha gente de aquí trabaja con películas de afuera. Pero hace falta saber curar, como un curador que lea los guiones para poder identificar cuáles están buenos y a cuáles debemos apoyar. A quién le vamos a dar el presupuesto para hacer una película.

Hay mucho talento en Puerto Rico, pero sé que hay películas de gente que las hace superrápidas. Quizás funcionan a nivel económico; pero, a nivel de cine, como que no están muy buenas, y eso también perjudica la credibilidad del cine puertorriqueño.

En el plano personal, ¿qué descubriste en este viaje global y qué fue lo que más te impactó?
—Descubrí un montón de cosas, pero me llamó la atención que Puerto Rico es bien similar a muchos de estos países que visité, ya sea a nivel político y social. La situación de tener un país grande encima de un país más pequeño, donde te succionan tus energías y todo el trabajo, eso me pareció interesante. Ir a Osetia o Burkina Faso y ver que hay un parecido.

¿Qué fue lo más complicado de producir el documental?
—Todo fue bien complicado, pero lo más complicado fue la parte de la comunicación. Siempre aprendí a valorar la comunicación, pero ahora tres veces más porque era bien difícil explicar cosas y me tomaba mucho tiempo. La música es el lenguaje universal, como un montón de gente sabe, pero también tienes que conocer cómo adentrarte en una cultura y explicar, por ejemplo, en Siberia, que tocaran encima de un bit que había hecho. Uno va de a poco, y ese tipo de dinámica la aprendí también durante estos viajes.

Fue aprendizaje para mí porque me hacía falta a mí a nivel personal, y creo que dentro de la música también. Ya ves que todo lo que tocan en la radio es bien parecido, y es imposible que la gente sea así de parecida. Todo el mundo tiene situaciones diferentes que te afectan, y todo eso que te afecta tú lo reflejas. Por ende, los artistas no están reflejando con la música lo que sienten, porque, si reflejaran lo que sienten, todo sería distinto, pero todo es igual. Al ser todo igual, lo que te dice que están tratando de venderte algo. La prioridad ya no es el arte, sino hacer dinero. Esto es lo que corroe la música. Obviamente, hay que hacer dinero, porque hay que hacer videos y pagar la gira, pero no es mi prioridad. Mi prioridad siempre ha sido el arte, tener un concepto y pasar por todo un proceso.

Desde el punto de vista de padre, ¿qué conflicto te afectó más?
—Todos me impactaron; pero, cuando estuve en Armenia y hablé con los refugiados de la guerra de Nagorno Karabaj contra Azerbaiyán, que en realidad es Azerbaiyán contra ellos, hablé con un niño y me dio una tristeza cuando me habló de su papá. Me pasó lo mismo en China cuando estaba en Beijing. Yo no quiero que mi hijo vaya a Beijing con toda la contaminación que hay. Es un país hermoso, pero me da cosa toda esa contaminación que lo daña.

¿Por qué consideras que este es tu mejor disco?
—Siempre quise evolucionar, superar y hacer algo mejor de lo que había hecho antes, pero es una cuestión personal. No es que sea mejor que los discos anteriores, porque también son míos y me gustan también. Pero siento que este es el mejor porque tiene un concepto sólido que redondea todo. Cada tema se puede conectar con los otros y hasta el orden de las canciones tiene una lógica. Eso lo hace más poderoso.

¿Cómo fue el proceso creativo para la canción que le dedicas a tu hijo?
—Es un tema bien bonito que lo hice en África con una melodía que soñé. Cuando me levanté, ese mismo día la grabé. Con esa misma melodía hice los coros de la canción con africanas en Ghana.

¿Estás preparado para hacer una gira sin tus hermanos (iLe Cabra y Eduardo Cabra)?
—Sí, estoy preparado, pero obviamente va a ser otra dinámica porque los voy a extrañar.

¿Qué mensaje quieres llevar con este proyecto?
—El mensaje es que todos venimos de lugares distintos, pero venimos de un lugar igual, y que el racismo no solo es anticuado, es ridículo también. Todos somos hermanos de sangre. No hay ninguna raza pura. Somos una mezcla.

El artista compartirá con sus seguidores en La Placita de Santurce el viernes 31 de marzo.

El documental Residente, debutó recientemente en el festival internacional SXSW (South by Southwest, por sus siglas en inglés) y en abril se presentará en otro festival de cine en Buenos Aires, Argentina. En verano se presentará en Estados Unidos y otros países como Australia y Grecia, por mencionar algunos.

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