Los 10 vestidos más excéntricos de la historia de los Grammy

Los Grammy honran la excentricidad y la locura, pero algunos llevaron esto hasta el mayor de los límites.

Por Metro World News
Los 10 vestidos más excéntricos de la historia de los Grammy

Esta es la única premiación en la que cada año la excentricidad y la creatividad en la alfombra roja se convierten en noticia, pero algunos artistas llevaron su esfuerzo al siguiente nivel.

Madonna como torero

 

Sí, en los años 90 hizo un video con un torero, pero ¿realmente era necesario combinarlo con “Gladiador” en su versión gótica? Eso no pensaron los de Givenchy. Además, a ella no le interesó que se viera su parte trasera peor que la de Miley en los VMA’S de 2013, porque consiguió lo de siempre: atención.

Margaret Cho como pavo real

 

Este vestido, que parece robado a los ridículos patinadores artísticos de “Deslizando la Gloria”, lo usó la comediante en la premiación de 2004. El vestido es como el infame cisne de Björk en los Oscar de 2001, pero “Poke-evolucionado”. Pero a ella no le importa mucho. En su blog, en 2011, dijo lo siguiente: “Tengo un estilo apasionado, brillante y creativo. Amo la moda y sus detalles. Me encantan. Por eso no me importa si aparezco – casi siempre- en la lista de las peores vestidas de un evento.”

Kerli en “El Quinto elemento”

 

¿Se acuerdan de la ensoñadora diva Plavalaguna de “El Quinto elemento” (1997)? Pues combínenla con el cabello rubio de Lady Gaga y un actor de teatro kabuki y tendrán a Kerli, la cantante proveniente de Estonia, en los Grammy de 2013.

Cher en “conceptual”

 

Es como si estuviera en la saga de “Resident Evil”, solo que en vez de a ella, los zombis se comieron su ropa. Porque tal y como Milla Jovovich en la película, está hecha un desastre. Siempre pensamos en Cher como el gran ícono de pelo liso y figura estilizada de vestidos brillantes de los 70. Luego, se transformó con su moda transgresora de los años 80 (por mucho que nos chocara y los LGBT la adoraran). Para 2008, ella decidió dejar todo eso atrás y enfundarse en los excesos conceptuales de la década.

 Nicki solo siendo Nicki

 

Antes de Anaconda y los implantes de trasero gigantes, Nicki Minaj quería coronarse a toda costa como la reina de su propia caricatura. Y así fue a los Grammy de 2011. Pero pronto comprendió que eso solo le funcionaba a Lady Gaga, que por demás era menos literal y tenía un poco más de allure.

Imogen Heap imitando a Helena

 

Y con esto nos referimos a Helena Bonham- Carter, que en sí misma tiene una categoría y aplicando el principio de excentricidad inglesa se ha vestido como ha querido. De ahí, las demás son imitadoras. Imogen Heap quiso hacerlo en 2007, quizás evocando ese aire de “Alicia en el país de las Maravillas”.

Joy vs Depredador

 

Joy Villa ya había lucido un vestido de material de construcción en 2015 y para 2016 decidió combinar a Alien versus Depredador con una garota gótica de Ipanema. De todos modos, es perfecto para ella, que siempre ha dicho que ama arriesgarse.

Lady Gaga, una “superestrella”

 

Porque realmente lo es. Esta es la estrella de los comienzos: una artista propositiva en todo su esplendor, así se viera literalmente como salida de un show espacial de Las Vegas. Con su Armani Privé, fue la más destacada de la ceremonia de 2010. Fíjense también en los zapatos langosta de Alexander McQueen, que son aún su sello característico. Aún nos preguntamos cómo hizo para cargar con la estrella todo ese tiempo.

Lil’ Kim meets Rayo McQueen

 

La rapera representa otra categoría por sí sola. Representa la cultura del raggamuffin en todo su esplendor: excentricidad, vestidos reveladores, fuerte contraste de materiales y accesorios. En los Grammy de 2013 homenajeó a la Fórmula 1. Claro, con un cinturón barroco y rizos a la par.

Sasha como “Terminatrix

 

Pura y absoluta ternura: es como ver a Gwyneth Paltrow con su vestido de prom recibiendo el Oscar en 1998, con toda su candidez, y combinarlo con Kristanna Loken en la tercera parte de “Terminator”. Precisamente, eso era lo que la cantante rusa Sasha Gradiva quería lograr en los Grammy de 2012. Un vestido que recreara la típica “elegancia” de la alfombra roja y un arma biónica acorde con la excentricidad de unos premios que lo permiten todo.

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