De fiesta el Jazz en su día internacional

Género mundial. Aunque nació en Estados Unidos, sus ritmos y melodías se han mezclado a los de un sinnúmero de países

Por David Cordero @David_cmercado

De mis tiempos como mesero en un exquisito restaurante, recuerdo especialmente el último jueves de cada mes. Allí la dinámica y el ambiente se transformaba. Era noche de Jazz y una orquesta tocaba en vivo. El trompetista –uno muy reconocido–, respetuosamente, pero sin reparos, pedía silencio. En una pequeña tarima se colocaban cinco músicos: un baterista, el pianista, el bajista, un saxofonista, y en el centro, el trompetista. Comenzaban a tocar. 

“En el Jazz hay mucha improvisación envuelta y uno tiene que analizar bien la música. En la definición general de Jazz, se hace una presentación de un tema, luego de esa melodía con sus respectivas armonías, vienen unos episodios de improvisación y el oyente tiene que haber asimilado esas melodías para poder apreciar lo que está haciendo el improvisador, es una música en la cual hay que escuchar activamente”, dice a Metro el productor de radio, Carlos Camuñas. 

Mañana, 30 de abril, se celebra el Día Internacional del Jazz. Se trata de un género musical que nace en Nueva Orleans en los Estados Unidos a mediados del siglo XIX y se desarrolla a lo largo del siglo XX. Sus orígenes más profundos, sin embargo, se pueden descifrar a través de sus ritmos, melodías y sonidos, que se ven influenciados por la música caribeña y, por consiguiente, de la africana. En Estados Unidos, no obstante, creció el Jazz Clásico, que más tarde se transformó en otros tipos, incluyendo el Jazz Latino, para reforzar esos sonidos que desde siempre han influenciado ese género.  

“Lo bueno del Jazz es que es una música estilo sombrilla, es decir, que asimila muchas influencias. Los músicos de cada lugar del mundo pueden mezclar la música o los ritmos autóctonos de su país con el Jazz. Los dominicanos pueden hacer merengue-jazz, Puerto Rico puede combinar el Jazz con la bomba, la plena y la danza, los músicos de Medio Oriente pueden combinar sus ritmos particulares, en Brasil tenemos el Bossa-nova que es una música muy influenciada por el Jazz, hace unos años comenzó a mezclarse en Perú, en Argentina el tango-jazz y en España se mezcla con el Flamenco”,  añade Camuñas, quien produjo distintos programas radiales dedicados al Jazz durante 35 años en Radio Universidad de Puerto Rico. 

Se trata de un género mundial, que si bien tiene sus propias características, como el swing, también posee la capacidad de fusionarse perfectamente con cualquier otro ritmo. Ciertamente, los caribeños y latinos hicieron lo propio. En Puerto Rico, por ejemplo, aunque ya desde la década de 1930 se venían escuchando músicos de Jazz, fue a partir de 1940 que se intensificó el intercambio musical, con las grandes migraciones de puertorriqueños al estado de Nueva York. 

“Muchos músicos de agrupaciones de trío y de cuerda tuvieron la oportunidad de viajar e interactuar con grandes figuras del Jazz.  Tengo algunas amistades, que en paz descansen, que ya mayorcitos me contaban están anécdotas, que alternaban con Tito Puente, por ejemplo, en los 60’ y 70’, y con la orquesta de Tito Rodríguez.   Los músicos puertorriqueños iban y venían. La diáspora fue un factor cultural e histórico que tuvo una influencia muy grande”, cuenta a Metro el jazzista puertorriqueño, Edgar Abraham, quien celebra hoy 20 años de carrera con su concierto de jazz Unique, en la sala sinfónica Pablo Casals, del Centro de Bellas Artes de Santurce. 

“El público para nosotros los jazzistas es lo más sagrado. Cuando una persona toma de su tiempo para escuchar mi música es la satisfacción más grande que yo puedo sentir. Están apoyando la música que es el arte más abstracto que existe”, añade Abraham, quien este verano lanzará su disco número 20, que lleva por “Caribe”.

Pero sobre el ir y venir, el trompetista puertorriqueño Charlie Sepúlveda relata su propia historia. El músico está en medio de uno de sus ensayos, pero hace una pausa para conversar con Metro. Sepúlveda nació en el Bronx en Nueva York. Se mudó a Puerto Rico con sus padres siendo un niño y más tarde regresó a Nueva York, donde despuntó su carrera musical. La patria puertorriqueña lo recibió nuevamente en el 1996, época en la que, según el trompetista, el Jazz sonaba muy poco en la Isla, pese a que grandes figuras puertorriqueñas brillaban dentro del género. Pero eso ha ido cambiando con el tiempo, gracias a festivales, hoteles, presentaciones y hasta programas universitarios dedicados al género musical. 

“Se han abierto puertas y la gente está llegando, está asistiendo y se están llenando todos los eventos de Jazz”, comparte Sepúlveda, creador del Luquillo Beach Jazz Fest y director del San Juan Big Band. “Cuando uno como músico está tocando, uno quiere que la gente preste atención. Antes muchas personas siempre estaban hablando y hablaban duro y le faltaban el respeto al artista. Eso ha ido cambiando, ahora tú vas a los festivales y la gente sí está escuchando la música y disfrutando lo que hace cada músico”, añade Sepúlveda. 


“M uchos jóvenes han tomado esta carrera muy en serio y han sido muy disciplinados con esta música y esta materia. El hecho de que haya una educación más completa desde el punto de vista pedagógico ha hecho que tome un giro más interesante”, dice Abraham, por su parte. 


Tito Puente, Jerry Medina, Jerry González, Giovanni Hidalgo, Humberto Ramírez y Miguel Zenón, entre otros, son también reconocidos jazzistas puertorriqueños. 

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