Piculín Ortiz: "Habrá lágrimas en China"

Metro y El Calce hablaron con el legendario canastero nacional a días de su exaltación al Salón de la Fama de FIBA.

Por José Encarnación Martínez

"Un día Armandito Torres, que fue su mentor de joven, me llama para que de Cayey le mandara un flaco alto, que parecía que tenía todos los atributos —si se ponía a aprender con rigor— de ser la esperanza de Puerto Rico a nivel nacional y a nivel internacional". 

– Genaro Tuto Marchand, en E:60

Hay coincidencias que no son casualidad. Especialmente, cuando se trata del baloncesto puertorriqueño.

El 30 de agosto de 2005 falleció Teo Cruz y el 30 de agosto del 2019 José Piculín Ortiz será exaltado al Salón de la Fama de FIBA. Curiosamente, ese día Piculín se convertirá en el segundo canastero boricua inmortalizado en dicho recinto. Teo Cruz, para que conste, fue el primero, en marzo de 2007.

A solo unos días de la ceremonia, que tendrá lugar en China, como parte de la celebración del Mundial, Metro llegó a La Parguera, en Lajas, para hablar con el Picu en su pizzería Vintage. Antes que “el Concord” nos preparara una “Picu’s four cheese”, habló sobre lo que fue su trayectoria y aprovechó también para reflexionar el impacto del baloncesto en su vida, tanto dentro como fuera de las tablas.

A continuación, la conversación:

¿Cómo están esas memorias a días de ser oficialmente exaltado al Salón de la Fama de FIBA?

Están bien, en el sentido de la tranquilidad, de no tener duda de la decisión que tomaron. Todo está ahí. Lo único que estuvo en las manos mías fue lo que yo controlé, que fue jugar bien, con consistencia. Pero mi enfoque nunca fue llegar al Salón de la Fama ni lograr nada de lo que he logrado.

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¿Cuáles son esas figuras que hoy, a días de la exaltación, te vienen a la cabeza?

Primero mis papás, por la educación. Son muchas las personas influyentes. Oreste Alicea, Carmelo Ocasio, Armandito Torres, Flor Meléndez, Julio Toro, Carlos Morales, Raymond Dalmau, la Universidad de Oregon State y Hetín Reyes, por mencionar algunos. Y fueron muchos los compañeros. En este negocio del baloncesto puedes tener 12 jugadores buenos, pero si los 12 jugadores no tienen una mentalidad colectiva, pues entonces no se mejora. Jerome Mincy, Ramón Rivas, Fico López… fueron muchas personas importantes. Los clubes de España, Grecia… O sea, se trata de un crecimiento continuo.

¿Cuál fue el jugador que más dolores de cabeza te dio?

Mario Butler. Sin duda alguna fue Mario. No jugué con nadie como Mario Butler. La verdad era un dolor de cabeza, demasiado físico y molestaba mucho emocionalmente. Cuando te digo que nadie como Mario Butler, es nadie.

¿Cuando le hablan a Piculín de Tuto Marchand, de qué se habla?

Tuto fue esencial en la parte más importante: mi vida personal. Tuto siempre estuvo. La relación mía con Tuto fue en la cancha, en los eventos FIBA, pero más bien en la parte más importante de mi vida, en la caída estrepitosa. Lo mismo con Ángelo Medina, Ricardo Carrillo y la más importante, mi esposa, Sylvia, que ha estado en las buenas y en las malas.

¿Cuán importante fue esa otra parte del atleta en tu vida, la parte del ser humano, del ciudadano, la persona?

Yo tuve una persona como Armandito Torres, allá cuando llegué a San Germán. Llegué con 16 años. Aprendí del cariño de mucha gente, de Mariano Ortiz y el licenciado Karkin Córdova. Gente que estuvo encima de nosotros continuamente, dándonos apoyo en las victorias y en las derrotas. Y aprendí mucho de ese cariño de San Germán. Ahí me formé.

¿Cómo jugó la coyuntura histórica de tus tiempos en los años en los que defendiste los colores nacionales?

Armandito Torres, como te mencioné, siempre recalcó en su casa la importancia de la parte humana, pero también la parte patriótica. Yo prácticamente vivía en su casa. El tema del Cerro Maravilla, por ejemplo, lo grababan. Eran cuestiones que más que políticas, como puertorriqueños había que llevar. Sentido de identidad, de respeto… Ya en el equipo nacional, pues encuentro ese camino, con la camisa nacional. No es un arma, pero es una competencia y había que ir a por todo. Siempre fue así. Esa identidad mía en el baloncesto era bien arraigada, seria y de compromiso, aún en los momentos más duros de nuestra política en esos tiempos.

En el marco político de Puerto Rico, ¿cómo se desarrolló esa noción de patriotismo a través del deporte?

Con el tiempo, cada torneo y cada evento hacían que ese deseo mayor saliera. No se trató nunca de pisotear, sino de no arrodillarse ante los más grandes. Era importante el respeto a uno mismo y a los adversarios, sea grande o chico. Es una llama bien intensa en la que en cada evento se le echaba más leña para que el corazón estuviera henchido de emociones y sentimientos.

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¿Se sintió peligroso haberle ganado a los Estados Unidos?

En algunos momentos se convirtió en político. Pero era una competencia sana. Yo lo más que hice fue ponerme lo de la Marina de Vieques en Toluca, para cuando hicimos la marcha. Yo hice eso y fue la primera vez que un deportista boricua lo hacía. Tito lo hizo después. En mi caso no hubo sanciones, pero se me acercó gente. Luego en Argentina sacamos la pancarta. No fue peligroso.

¿Cómo se compara el baloncesto de hoy con el de tus tiempos?

Nosotros no vivíamos sueños, teníamos un camino por recorrer. Este tema de la NBA genera muchos sueños en los niños y los jóvenes. Hay que pensar primero en lo que hay que hacer para llegar allá y hoy en día no estamos haciendo eso. La época mía fue muy fuerte en cuestión de talento de todos lados. Brasil era inmenso, Argentina, España… Creo que la naturaleza del jugador hoy en día es muy distinta. Veo mucho el pensamiento de "no tengo que practicar mucho para ser bueno".

¿A qué atribuyes eso?

La enseñanza. Me parece que el mensaje que se está enviando lo veo de ganar o perder. Mi prioridad siempre fue hacerme un gran jugador de básquetbol. Sencillo. O quieres ser o no quieres ser. Yo no quería ser uno más. En la NBA no lo vieron así y cogí mis cosas y me fui a ver mundo, donde se juega muy buen baloncesto también. El tiempo me dio la razón.

¿El racismo te dio duro?

Puede ser. Yo abrí la puerta para muchos de ahora. Esos muchos son los latinoamericanos y lo europeos. La NBA se nutrió con el baloncesto internacional. Justo cuando tuve esa oportunidad la NBA se dio cuenta que había mucho dinero por hacer en el resto del mundo.

Hablaste del negocio del baloncesto, ¿cómo se ha transformado eso desde que comenzaste hasta que terminaste?

Siempre ha sido un negocio. Hasta en las selecciones nacionales es un negocio, no hay duda de eso. Cuando FIBA permitió que los NBA jugaran pues fue un plus para todos.

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Cuando cometiste tu falta técnica en la vida, ¿fueron muchos los que te dieron la espalda?

Muchísimos. Ese es nuestro pan de cada día. Cuando ganaba los campeonatos o jugaba en todos lados, los tenía reguinda'os. Pero ya después, tú sabes. Es parte de la naturaleza del ser humano. No es justo, pero yo no necesitaba nada de ellos. Si ellos necesitaban pon con mi éxito, pues qué bueno. Yo no necesité nada de ellos.

Si tuvieras la oportunidad de hablarle a los chamacos que se están desarrollando, ¿qué les dirías?

Más que a los niños y jóvenes, a los entrenadores. No se puede enseñar a ganar o a perder. Eso no lo es todo. Para ser bueno en esto hay que ser dedicado. No es hacer las cosas bien un día, es ser repetitivo. Una carrera no va a durar si no se tiene esa repetición todos los días. Hay que volver a la esencia del juego. Los niños tienen que jugar a divertirse.

¿Te queda algo por hacer?

No sé. No me siento realizado, la verdad. Cosas se presentan en el camino y las ideas se siguen desarrollando en la mente. Me preocupa la realidad de mi país. Qué bueno que los jóvenes ya se están dando cuenta. Yo que soy un pequeño comerciante me quedé aquí para aportar a mi país.

¿Es el deporte una herramienta de cambio?

Claro que sí. Definitivo. Esto hay que cambiarlo. Esto es cuestión de borrón y cuenta nueva. Se puede hacer. El problema es que le tenemos miedo a lo nuevo. Y estamos en una encrucijada bien triste.

¿Cómo defines baloncesto?

El baloncesto fue y es mi vida. Es a lo que me dediqué en cuerpo y alma. No fue mentira. Es mi vida. Incluso, cuando esté muerto. Es una meta no soñada, pero trabajada. Y habrán lágrimas en China, mucha emoción y agradecimiento.

¿Cómo ves a Puerto Rico en el mundial?

Celebré mucho la clasificación, pero allá hay que jugar con hombres. Aún así, voy a los míos.

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