Opinión de Julio Rivera Saniel: “No murió de eso na’, nos quieren engañar”

Lee la columna de opinión del periodista Julio Rivera Saniel

Por Julio Rivera Saniel

La noticia me dejó sin palabras. Y la cuestioné aunque por la fuente era obvio que no era una broma. Uno de los integrantes de la Mesa de Información de Noticentro me escribía aquel día para adelantarme lo que sería público en solo minutos. Luz Nereida Vélez y Jorge Gelpí Pagán se aprestaban a comunicar al país, con el pecho apretado, que Efrén Arroyo había sido encontrado muerto en su casa. Nada hacía sentido. A sus 68 años Efrén era un hombre saludable, sin condiciones médicas conocidas. No batallaba contra una enfermedad de esas que nos preparan para este tipo de desenlace. Pero cada dato revelado por su familia iba apuntando en la dirección de lo que más tarde se confirmaría. Efrén, como miles de tantos hermanos y hermanas puertorriqueños había muerto en manos del COVID.

Su batalla había sido silenciosa. Por lo que hoy conocemos, librada incluso desde la incredulidad. “Papi creía que era invencible” decía uno de sus hijos. Pero ninguno de nosotros lo es. Trasciende que Efrén había batallado en silencio, en su casa. Que –fiel a su personalidad- no había querido ir al médico y que apostó a remedios caseros. Que al final de esas dos semanas accedió a visitar un doctor, concesión que reveló como pocas cosas el detalle de lo deteriorado de su estado de salud. Pero nunca llego a su cita.

Efrén, como cientos de hermanos y hermanas puertorriqueños, decidió no vacunarse. No seré yo quien evalúe su determinación. No me corresponde hacerlo con él ni con aquellos que hoy, a pesar –o precisamente como consecuencia de la información a la que han sido expuestos por el pasado año y medio han preferido no hacerlo. Esas razones son diversas y vas desde el “porque no” al “me causa medio” hasta llegar al “no creo en la ciencia”.

Prefiero hablar de aquellos que, confrontados con la noticia del fallecimiento de nuestro querido compañero, han preferido inventar excusas para justificar su muerte. Cualquier cosa menos aceptar la realidad inequívoca. Efrén murió de COVID. Y punto. Tan cierto que lo han confirmado no solo su familia sino las autoridades médicas y el Instituto de Ciencias Forenses. Sin embargo esa confirmación que nos llega de la ciencia no h sido suficiente para quienes buscan justificar su rechazo a la vacuna en argumentos anticientíficos que concluyen –vaya usted a saber por qué- que mueren iguales cantidades de personas con vacuna que sin ella. O que son los vacunados quienes ponen en riesgo al resto de la población. O quienes rechazan la inoculación porque, bendito sea el señor, “nos engañaron porque los vacunados se contagian” como si alguien en algún momento hubiera establecido lo contrario.

Algunos, desde el más profundo irrespeto a la familia, han afirmado desde la ignorancia propia de quien cree que se lo sabe todo y no sabe nada, que la familia miente. “Sabemos que él SI está vacunado. No entiendo la insistencia en negarlo. Si no hubiese estado vacunado hubiese corrido al médico con los primeros síntomas” soltó Wanda Ramos en Instagram. Lo soltó con una autoridad pasmosa; como aquel que sabe. Como el que “conoce” aunque de Efrén solo conocía lo que veía en televisión se creyó con el derecho de llamar mentirosa a su familia. Otra persona, @Yessve_22 justificó su negación con información falsa. “Y dale con que si vacunado o no vacunado (…) La vacuna no cambia nada, es tu sistema inmunológico”. Quien la lee podría pensar que lo dicho es una teoría científica cuando, en realidad, no es más que un disparate. Casi tan grande como el que otro que se identificó en la misma red como Chucho Narváez escribió con el mayor desparpajo. “Es mentira” escribió sobre el diagnostico de COVID. “Eso dicen para seguir metiendo miedo. Yo no me creo eso” añadió como si lo que crea el o, en cualquier caso, yo, cambiara el orden de los hechos. “Eso debió ser un infarto y quieren hacer campaña con su nombre” insistió. Y yo a todos los leí y me harté. Me harte de tolerar la ignorancia disfrazada de conocimiento. DE la repetición de mentiras para justificar teorías disparatadas. De la osadía de cuestionar la conclusión de la ciencia y –desnudos en sus argumentos y fuentes- cuestionar el conocimiento de otros. DE quienes han dedicado su vida al estudio de la ciencia y a quienes quieren equiparar a tres frases mal construidas sacadas de una cadena de Whatsapp, un blog sin autor o los pseudo científicos que no han estudiado nada pero creen saberlo todo.

Si su decisión de no vacunarse ya está tomada y sus fuentes científicas le convencen, muy bien. Si no se ha vacunado y sus razones están ancladas en el “yo creo” o “el me contaron” quédeselas. Tambien quédese su incredulidad al conocer las razones detrás de las muertes de miles de nuestros s eres queridos que, como Efren, perdieron la batalla contra el virus. Pero por favor no intente borrar la realidad con la única intención de querer justificar sus posturas antes falta de argumentos propios.

Las miles de muertes por COVID que hemos experimentado por más de año y medio son tan reales como la ciencia que las confirma. Todas nos dejan lecciones que, unidas al profundo dolor de la perdida, servirán para que entiendan los que quieran entender.

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