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Opinión de Julio Rivera Saniel: El virus que madruga y otras hierbas

Lee la columna de opinión del periodista Julio Rivera Saniel

Julio Rivera Saniel Metro PR

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Aquí vamos otra vez. Y debo confesar que después de más de un año de entrevistar y reseñar los tejemanejes propios de esta pandemia que nos cambió la vida, ya la cosa pasa de lo cansón a lo frustrante. No aprendemos y el no aprender nos pasa factura.

Hablo de la terquedad colectiva con el tema del COVID-19, sus riesgos, tratamientos y vacunas.

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Ya casi entramos al segundo año natural de esta batalla contra el virus pero ,a pesar de la información provista constantemente por fuentes científicas de peso, creemos tener otras “respuestas” aun sabiendo nada sobre el tema.

Los he escuchado en innumerables ocasiones. “Pero, ¿y qué pasó con la inmunidad colectiva? ¿No que era en verano?” preguntan muchos cuestionando los pronósticos científicos que advertían sobre la necesidad de vacunar a la población con urgencia. Sí. Se supone que esa inmunidad llegara en verano. Pero cuando se hizo ese pronóstico se advirtió que el esfuerzo de vacunación podría hacerse sal y agua si no nos vacunábamos con la celeridad requerida y, la lentitud, habría camino a la llegada de variantes agresivas que podrían mostrar resistencia a las vacunas. Efectivamente, ignoramos el requerimiento de celeridad en el proceso de vacunación y, como se adelantó, llegaron variantes como la DELTA. Pero esa parte de la explicación parece que la pasamos por alto.

Otros lanzan frases como ” ¿Vez que los vacunados también se enferman? ¿Para qué voy a  vacunarme?”. Olvidan que desde el comienzo de esta batalla contra el virus nunca -absolutamente nunca- se dijo que la vacuna nos convertía en “inmunes al virus”. Mucho menos que por estar vacunados no seríamos capaces de contagiar a otros. Por eso, los científicos han pedido a los gobiernos que a la hora de solicitar uso de mascarilla y distanciamiento social no solo se concentren en poblaciones no vacunadas sino en la totalidad de los ciudadanos.Pero tampoco escuchamos.

En esta ocasión, como ha ocurrido en prácticamente todos los repuntes en los contagios que han tenido lugar durante el 2021, los científicos han recomendado que se reduzca el aforo en lugares que reciben multitudes, que se disminuya también la cantidad de personas que son admitidas a salas de conciertos y que se amplíe el distanciamiento en las escuelas para hacer frente a la agresiva variante DELTa. Pero el Gobierno ha inventado sus propias guías epidemiológicas. Al preguntársele sobre por qué no ampliar el distanciamiento, alega que es suficiente destinar solo 3 piés. Pero su justificación va en contra de las guías de voces científicas válidas. Al preguntársele por qué no se atiende el problema de las aglomeraciones en los negocios y, en su lugar, solo se trabaja con el horario de operación de bares y restaurantes, se responde que “si el comercio exige prueba de vacunación o prueba de COVID-19 puede operar al 100% por ciento”,una respuesta que no atiende la preocupación científica sobre el aforo. Los epidemiólogos han dejado claro que el horario de los negocios es poco importante. El virus contagia lo mismo a las 9 de la mañana que a las 12 de la noche. No se trata de un virus que no madruga y solo contagia en las noches. La clave, insisten los que saben, es limitar el aforo dentro de los negocios porque las multitudes -de ciudadanos vacunados o sin vacunar- promueven los contagios. Pero tampoco queremos escuchar.

En un ejercicio de soberbia absoluto ciudadanos y oficiales de Gobierno insistimos en elaborar nuestras propias teorías disparatadas al margen de la ciencia pura. Creemos que repetir imprecisiones con vehemencia convierte sus premisas en teorías con el debido rigor científico. Argumentamos y discutimos incluso contradiciendo voces autorizadas solo para darnos contra la pared una y otra vez. Parece que va a ser cierto aquello que se le atribuye a un académico de nombre George Kiser.  “En una sociedad antiintelectual, gente que sabe absolutamente nada sobre un tema complejo se siente con la autoridad de ridiculizar expertos que han pasado toda una vida  estudiando ese tema”. Ni por cabeza propia aprendemos.

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