Opinión de Juan José Santiago: Necesitamos más héroes de la salud, no cabilderos

Lee la opinión del representante por el Partido Popular Democrático, Juan José Santiago.

Por Juan José Santiago Nieves

No cabe duda que la implementación de la Ley 167-2020, que habilitó la elección de los cabilderos de la estadidad, ha sido una bochornosa secuencia de lastimosos desaciertos y errores. Los cabilderos de la estadidad cargan con el dudoso mérito de haber sido seleccionados en el evento electoral de más baja participación en el País. Estos están deslegitimados por el propio movimiento estadista que alegan representar; han sido impugnados judicialmente, están embelesados en el protagonismo de sus luchas internas y han sido cuestionados por su falta de experiencia, falta de contactos, y hasta por su inhabilidad para expresarse en el idioma inglés.

Ante tal escenario, resulta indignante y hasta insensible que estos simbólicos cabilderos devengarán un salario de 90 mil dólares, más 30 mil dólares para gastos. Esto ha causado una profunda indignación, considerando las grandes necesidades que tiene el país de invertir mejor el casi millón de dólares que dichos cabilderos le costarán al País.

¿Cuántos pacientes pudiesen atenderse, en vez de pagar 120 mil dólares a un cabildero simbólico, para paliar la profunda crisis de falta de subespecialistas médicos que hoy obliga a nuestra gente más vulnerable a esperar largos meses, incluso un año, para obtener una cita con un neurocirujano, endocrinólogo, o subespecialista pediátrico? ¿Cuántas vidas se pudieran salvar si aportamos el salario de cada cabildero hacia la remodelación del Recinto de Ciencias Médicas, un hospital en la montaña, o la reapertura del único hospital público de salud mental para tratamiento prolongado de menores de edad?

Enfrentados a la realidad de que los cabilderos de la estadidad no serán más que una pantomima pobremente ejecutada, incapaz de adelantar la lucha del movimiento estadista, urge redefinir prioridades, y estoy seguro que nuestros amigos estadistas estarían de acuerdo: la salud del pueblo tiene que ser prioridad.

Superando pasiones ideológicas, destinemos esfuerzos y fondos hacia lo verdaderamente trascendental: garantizar la provisión de servicios de salud a nuestra gente. La fórmula está sobre la mesa: exportemos menos cabilderos simbólicos e invirtamos e importemos más doctores y doctoras talentosas, deseosos por regresar a su isla para ampliar el acceso a servicios de salud especializados para nuestra gente.

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