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Opinión de Alejandro Figueroa: Paridad no es igualdad

"La paridad es el ejercicio que se lleva a cabo en un intento de subsanar la desigualdad", escribe en su columna de hoy el abogado estadista.

Con la presentación del proyecto de presupuesto del Presidente Biden para la consideración del mismo por parte del Congreso federal, Puerto Rico recibió muy buenas noticias.  El proyecto incluye la paridad de fondos de Medicaid para Puerto Rico, lo que representaría un alivio para la operación del Plan Vital en la Isla. Así mismo, se plantea que se allane el camino para la paridad en el Programa de Asistencia Nutricional (PAN) y para que aplique en Puerto Rico el Seguro Social Suplementario (SSI).  Para Puerto Rico, el lenguaje que propone Biden representaría una iniciativa histórica, con un aumento de miles de millones de dólares anuales en el acceso a fondos federales.

A manera de ejemplo, el presupuesto referido al Congreso por la Oficina de Presupuesto y Gerencia (OMB) de la Casa Blanca indica que “El cuidado médico es un derecho, no un privilegio”.  Ante esta realidad se hace imprescindible repasar el significado del término igualdad que a menudo se confunden y utilizan indistintamente con el término “paridad”, a pesar de sus diferencias.

La igualdad es el derecho inherente de todos los seres humanos a ser reconocidos como iguales ante la ley sin discriminación por su género, condición sexual, raza, creencia, nacionalidad o clase social o cualquier otro motivo. Se traduce en la igualdad de trato de individuos, grupos sociales o comunidades sin condiciones en la representación pública, la educación (acceso a los estudios, becas), la salud y el cuidado médico (acceso universal), las empresas públicas y privadas (igualdad salarial, igualdad en la contratación y promoción en base únicamente al mérito).  La paridad es el ejercicio que se lleva a cabo en un intento de subsanar la desigualdad pero no pone en igualdad de condiciones al individuo de manera permanente ya que no hay garantías de que sea una condición permanente.

Un ejemplo de esto es la desigualdad en el programa Medicaid de EE.UU.  Dicho programa fue creado para ofrecer servicios de salud esenciales a poblaciones de escasos recursos económicos. Sin embargo, en Puerto Rico esa misma población se ve afectada por una estructura federal de fondos desigual e inadecuada. Los programas Medicaid de los estados se benefician de una estructura de financiamiento federal ilimitado y reciben fondos federales basados en costos y necesidades reales; mientras que hasta el momento a Puerto Rico se le otorga una fracción de los fondos.

Por eso queda en nuestras manos continuar exigiéndole al gobierno federal que valide el mandato de los puertorriqueños, y que lleven a cabo un proceso que encamine la admisión de Puerto Rico como estado. Esto nos proveerá las herramientas en el Congreso para exigir la igualdad en más y mejores beneficios para nuestra gente.

La igualdad que nos da la Estadidad nos traerá mayores recursos que disminuirán la necesidad del gobierno local de recurrir en gastos que normalmente el gobierno federal asume en los estados. Esto permitirá que los recursos del Gobierno de Puerto Rico puedan ser utilizados para promover nuestro desarrollo económico, sin la necesidad de continuar requiriéndole a la clase media trabajadora que asuma el costo de operar el aparato gubernamental mediante la imposición de contribuciones que al final del día destruyen la economía.

Emulemos a los cientos de miles de puertorriqueños que se mudaron a los estados para mejorar su situación económica, logrando que esas condiciones las tengamos en la isla continuando la lucha por la Estadidad.  Ante el anuncio del Presidente Biden, algunos repetirán la ya celebre frase utilizada por el Presidente del Senado José Luis Dalmau “Que bueno es el ELA”, sin embargo ante la falta de igualdad no podemos conformarnos con la paridad que nos ofrecen y tenemos el deber de exigir la igualdad que solo garantiza la Estadidad.

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