Opinión de Rosa Seguí: Imaginemos a Puerto Rico sin la Junta

Lee la columna de opinión de la abogada y portavoz del Movimiento Victoria Ciudadana, Rosa Seguí.

Por Juan Marrero

Los siete miembros de la Junta de Control Fiscal, ese organismo no electo, antidemocrático y colonial, encabezados por David Skeel, publicaron en días recientes una columna como parte de la campaña de propaganda a favor del monopolio de LUMA. Esa campaña de propaganda combina peligrosamente la adulación de un monopolio privado con la demonización de lo público. Defiende la dictadura corporativa frente a la propuesta de transformar a la AEE con la participación democrática de las personas que trabajan en la agencia y de quienes reciben esos servicios. Defiende la energía producida a base de combustibles fósiles frente a la propuesta de una transición acelerada a fuentes de energía renovable. En su columna, Skeel se mofa de nuestras luchas, se mofa de la UTIER y nos invita, en un juego de palabras, a imaginarnos a Puerto Rico con LUMA.

Pero lo que olvida Skeel es que en Puerto Rico no tenemos que imaginarnos la privatización, pues conocemos de primera mano los estragos de ese modelo que desvía fondos públicos a bolsillos privados para brindar servicios gubernamentales “for profit”. Nadie en Puerto Rico puede defender el sistema de salud actual, cuya privatización siguió una receta parecida a la que se usa para empujar el monopolio de LUMA. Por eso, en lugar de imaginarnos a Puerto Rico con LUMA, aprovechemos la exhortación de Skeel para imaginar al país que merecemos.

La Junta de Control Fiscal impulsa una agenda ideológica que rinde culto a lo privado y desprecia todo lo público; que rinde culto al individualismo y desprecia todo lo colectivo. Una agenda que impone la competencia, el todas contra todas, y desprecia la solidaridad; que pone las ganancias de una minoría privilegiada por encima de la vida de la mayoría de las personas. La Junta impulsa una agenda que provoca que esas minorías privilegiadas sigan acumulando fortunas a costa de imponer condiciones precarias a la mayoría asalariada y empobrecida.

Por eso, imaginar a Puerto Rico sin La Junta es en sí mismo un ejercicio refrescante y esperanzador.

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