Opinión de Alex Delgado: No es ciega, se hace

Lee la columna de opinión del periodista Alex Delgado.

Por Alex Delgado

Por un lado, el sistema judicial indica que “los jueces son seres humanos”, lo que es cierto, y pueden cometer errores. Sin embargo, cuando se cuestiona el desempeño de un juez por un posible error, ese mismo sistema lo protege y se muestra ofendido, a la defensiva por el cuestionamiento. A juzgar por esa histórica defensa, en la historia del sistema judicial solo el juez Manuel Acevedo Hernández, compinche de Lutgardo Acevedo, y uno que otro togado, han cometido errores.

Para el sistema, el juez Acevedo Hernández era un jurista incuestionable, sus decisiones, incluyendo la de Lutgardo, que fue pagada por debajo de la mesa, no eran revisables.

Según la acusación del gobierno federal, los abogados de Lutgardo Acevedo solicitaron al juez en el 2012 que le devolviera el auto involucrado en el accidente y así se concedió. También solicitaron, según reportes de prensa,  que el juez le prohibiera a la fiscalía presentar testigos de reputación contra Lutgardo. La petición también se hizo orden. El 25 de marzo del 2013 el juez comenzó el juicio contra el contable Acevedo y en solo dos días lo despachó absolviéndolo de todos los cargos. Para el sistema judicial, y me refiero a la dirección del organismo, ahí acabó todo, y ese todo era incuestionable. Tuvo que intervenir, de nuevo, le gobierno federal para destapar la corrupción que hubo en ese caso específico, con todos los cuestionamientos públicos y válidos que había.

Mi recuerdo, aunque puedo equivocarme, es que era el segundo o tercer caso de Lutgardo Acevedo en los tribunales por ocasionar daños en estado de embriaguez. En todos salía como pavo real. A nadie en el sistema judicial se le ocurrió decir “Contra, esto está raro. Quizás todo esté en orden, pero vamos a revisar”.

¿Son la mayoría de los jueces como el ex-juez Hernández Acevedo? Con mayúsculas les digo que ¡NO! El caso de este ex-juez no lo expongo para cuestionar la honradez de nuestros jueces, sino para plantear que el propio sistema judicial rehúsa atender las banderas rojas. Levantar una bandera, investigar una decisión cuando la misma es “porque sí”, sin ninguna explicación o fundamento en la determinación, no debe ofender a ningún juez. Es un ser humano que impacta vidas y que puede errar, como erramos todos y todas.

¿Porqué no es revisable por el mismo sistema administrativo? “Porque para eso está Apelaciones y el Supremo, para revisar”, me dirían. ¿Ajá? ¿Y cómo vá Andrea Cristina Ruíz  a Apelaciones o al Supremo hoy para que revisen si en su caso se actuó bien o no? Esto vá más allá de si Andrea pudo o no ir al Apelativo o al Supremo, ya eso es agua pasada, ella murió, aunque nunca olvidaremos su tragedia. Se trata de la resistencia de la rama judicial a autofiscalizarse. La jueza presidenta, Maite Oronoz, ordenó que se investigue el caso de esta joven, pero los mismos que aceptan que ella puede hacerlo la están criticando por hacerlo. ¿En qué quedamos?

Yo creo en nuestros jueces puertorriqueños, la inmensa mayoría son personas honradas, pero también creo que el peor enemigo del sistema es él mismo a la hora de ser transparente para ganarse la confianza del pueblo. Si el Sistema entiende que deben ocultar cosas para que el pueblo no desconfíe es porque reconocen que esa confianza es  importante. No es escondiendo los errores, es autofiscalizándose y reconociendo sus fallas que se gana confianza. Mi querido amigo Carlos Salgado Shwarz, en representación de los jueces, admitió en Jugando Pelota Dura que el sistema judicial le falló a Andrea Cristina, y cuando le pregunté quién representaba a ese sistema en el proceso de esa víctima fatal, no admitió que era la jueza.

¿Es la jueza Ingrid Alvarado una mala persona? Jamás diría eso. Es esposa, madre y estoy seguro que si hubiese sospechado que Andrea Cristina sería brutalmente asesinada hubiese determinado causa. Pero ya es muy tarde. Debo suponer que lleva días con ese pensamiento. No soy abogado, ni hay que serlo, para entender que Andrea Cristina pudo presentar su caso, su narrativa fue coherente, fluída y convincente en esa Regla 6 donde solo hace falta una cintila de evidencia. ¿Fue su error admitir que en estado de embriaguez llamó a su ex novio para verlo? Hay abogados que entienden que sí, que ella se buscó lo que le pasó y que eso puso a la jueza en posición de declarar “no causa”. Sería horrible que un ser humano piense que una víctima no merezca protección porque en un estado que no es normal haya cometido un error.

¿Pudo la jueza Alvarado ir más allá y hacerle preguntas a la víctima? “Ese no es su trabajo”, dijo un juez y una abogada. Dijo el ex juez asociado del Tribunal Supremo, Carlos Santana Becerra en el caso Pueblo vs Barranco: “El derecho inherente de un juez a interrogar los testigos que ante él comparecen -al cumplir con su función de juzgar- no solo es una prerrogativa, sino un deber en su misión de juzgar y aclarar la verdad”. Claro, en mi opinión el juez Santana Becerra se refiere a lo que debe hacer un buen juez.

Todo este caso de Andrea Cristina lleva a muchos a pensar que la Justicia no es ciega, se hace. Y no podemos culparlos.

Finalmente, como decimos una cosa, tenemos que decir otra. Hace unos días reseñé el caso de una mujer que fue herida con un cuchillo por su esposo. En la Vista Preliminar el agressor usó a la víctima a su favor porque ésta, con el cuello cortado, no quería seguir con el caso. La jueza Cristina Córdova Ponce (Tribunal Aibonito) determinó “no causa” y ordenó quitarle al grillete al agressor, habiendo anunciado el fiscal que iba en alzada.

Justicia llegó al Tribunal de Apelaciones y las juezas Cintrón Cintrón, Santiago Calderón y el juez Rivera Torres, revocaron a la jueza Córdova Ponce y ordenaron se le volviera a instalar el grillete. Así son la mayoría de los jueces. En eso estoy claro. Mi preocupación es con la resistencia del sistema a la autofiscalización interna y la fiscalización externa. La confianza del pueblo se gana explicando las determinaciones, no ocultando los errores con un prepotente y arrogante “el juez no tiene que explicar nada”.

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