Opinión de Larry Emil Alicea: Prejuicio + Poder = Opresión

Lea la columna de opinión del expresidente Colegio de Profesionales del Trabajo Social

Por Larry Emil Alicea Rodríguez

El racismo, la violación de derechos humanos y los discursos de odio tuvieron un evento culminante en el intento de golpe de estado que ocurrió con la toma violenta del capitolio de los Estados Unidos el 6 de enero del 2021. Los símbolos usados por los manifestantes dejaron poco espacio a la especulación de sus verdaderas intenciones. Sus objetivos eran un Estados Unidos blanco, capitalista y opresor.

Durante la presidencia de Donald Trump se le quitó el maquillaje a lo que siempre ha alimentado la autoproclamada “mejor democracia del mundo”. Ese país históricamente ha subsistido de la violencia institucional, del privilegio de unos pocos en menoscabo de la mayoría de sus ciudadanos y de liderar movimientos represivos a lo largo del planeta para preservar su antigua hegemonía.

Trump no vino a destruir algo que estaba construido. La presidencia de Trump vino a quitarle el maquillaje benévolo y a presentar la cara represiva de un país que se alimenta de la desigualdad. Aunque muchos glorifican el modelo norteamericano, ese país mantiene a millones de sus ciudadanos en situaciones de empobrecimiento y tiene uno de los peores sistemas de salud, educación y prestación de servicios sociales del mundo.

Antes de Trump se hablaba de todos esos problemas. No vienen con Trump. El rol del presidente saliente fue claro: presumir su violencia y asumirla sin ambages a más de 75 millones de americanos que estaban listos para consumirla, apoyarla y exigir su permanencia. ¿Por qué no se veía y se discutía abiertamente el estado de situación de la nación estadonidense? Porque la mayoría de los políticos que antecedieron a Trump usaban un lenguaje políticamente corrector y proyecciones mediáticas para encubrirlo. En la disciplinas del comportamiento y las ciencias sociales hablamos de que se desencadenó una crisis estructural. Cuando situaciones críticas, tensas e injustas se aglutinan por mucho tiempo sin ser trabajadas de formas correcta, eso provoca que en cualquier momento se salgan de control. En esa dinámica, Trump fue la gota que colmó la copa, el evento precipitante que desorganizó radicalmente un país.

Existían millones de norteamericanos racistas, homofóbicos y personas que representaban lo peor de la sociedad estadounidense. Sin embargo, en tiempos recientes no habían tenido una figura que les brindara el poder para salir abiertamente a exhibir su odio al grado de querer derrocar un gobierno electo democráticamente. Trump le añadió el poder al prejuicio. Precisamente Lester y Johnson en el 1990 afirmaron que la opresión es el resultado del prejuicio sumado con el poder.

Todos los prejuicios y estereotipos que desembocan en el racismo, el clasismo, el sexismo, el heterosexismo, el imperialismo, el edadismo, el adultismo y el habilismo se alimentan de acuerdo con el psicólogo puertorriqueño Raúl Quiñones Rosado de la desinformación, historia distorsionada y falsedad. Para el experto, estas distorsiones de la realidad crean ideas equivocadas sobre grupos y provocan que existan privilegios para ciertos grupos y desventajas para otros.

Estos grupos en Estados Unidos funcionaban de forma encubierta, aportaban a partidos políticos y apoyaban políticos. De ahí, impactaban las políticas públicas que se implantan en ese país y que se implementan en sus colonias y territorios. La desigualdad en la salud, el hambre que viven millones de estadounidenses, el empobrecimiento, la brecha en la educación, el racismo institucional y las violencias que se viven en ese país, son producto histórico de una sociedad desigual, pero maquillada con benevolencia y caridad. Sin embargo, nunca había existido el poder que les brindó Trump para exhibir y celebrar esas desigualdades. El movimiento creado por el presidente saliente les dio a esos grupos el acceso y le puso recursos a su disposición para salir públicamente como lo hicieron. El recrudecimiento de todas las opresiones que se vivían en Estados Unidos bajo la presidencia de Trump es producto de que el prejuicio, que siempre había estado latente en esa nación decadente, recibió un permiso y poder para exhibirse por los medios, las calles y hasta para tomar el Capitolio.

Urge que esa nación trabaje de forma institucional con todos los prejuicios que han alimentado la represión que están viendo. Mientras eso sucede, hay que quitarles todo el poder.

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