Opinión de Alejandro Figueroa: Reabrir las Escuelas como Prioridad

Lee la columna de opinión del abogado estadista Alejandro Figueroa.

Por Alejandro Figueroa

Con el aumento de las tasas de infección y hospitalización por COVID-19, el esfuerzo para reabrir las escuelas para el semestre que comienza en enero del 2021 peligra. No obstante entiendo que, al igual que se ha hecho en New York, California y otras jurisdicciones de los Estados Unidos, las escuelas de Puerto Rico podrán abrirse de manera organizada y segura de forma tal que se pueda el semestre con clases presenciales, toda vez que se tomen las debidas precauciones.

En días recientes oficiales del condado de Los Angeles han mostrado preocupación por el aumento de las tasas de contagio los cuales son mucho más altos que en la ciudad de Nueva York, donde las clases permanecen abiertas. Pero si la situación es lo suficientemente segura para ir de compras, y la mayoría de las tiendas pueden permanecer abiertas, entonces debería ser lo suficientemente segura para las escuelas, donde las condiciones están diseñadas de manera más estricta para la protección tanto de los estudiantes como del personal.

La clave para nuestro sistema de educación estará en la implementación de un sistema robusto y coordinado de pruebas, seguimiento y “contact tracing”, que esté planificando para todas las escuelas y estudiantes de forma que tanto estudiantes y el personal que labora en los planteles puedan regresar sintiéndose seguros de que están debidamente protegidos.

Para sorpresa de muchos, la reapertura de las escuelas en la mayoría de las jurisdicciones de los Estados Unidos ha transcurrido sin mayores percances, incluso cuando las tasas de infección por COVID-19 están aumentando a nivel nacional. Por su parte, en Europa, los expertos han llegado a la conclusión de que las escuelas no fueron un factor importante en la subida de las tasas de infección este otoño; y, como consecuencia, la mayoría ha permanecido abierta. Es un hecho que no ha habido informes de brotes importantes que involucren muertes u hospitalizaciones en los Estados Unidos, a pesar de que se han abierto una gran parte de las escuelas de la Nación.

Esto es evidencia anecdótica, sin duda. Nadie ha dado todavía a las escuelas una señal clara basada en estudios reales, diciéndoles cuándo es seguro volver a abrir, en qué medida y en qué condiciones. Pero hay que reconocer que hemos aprendido mucho desde los primeros días de la pandemia, cuando todo, desde las playas hasta los cuidos, estaba cerrado. De hecho, las escuelas que abrieron en New York y California con reglas claras y orientadas a la seguridad les ha ido bien, especialmente con los estudiantes más jóvenes, que parecen tener menos probabilidades de enfermarse o transmitir la infección.

También hay que considerar esta realidad: no hay evidencia real de que la reapertura de escuelas sea peligrosa. Nunca se nos garantizará la seguridad absoluta en las escuelas, ciertamente no antes de que la mayoría de la población haya sido vacunada. Pero existen otros peligros asociados con que las escuelas permanezcan cerradas, como lo son los problemas de salud mental, maltrato, mal nutrición, etc.

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