Opinión de Alejandro Figueroa: Un mensaje postelectoral

Lee la columna de opinión del abogado estadista Alejandro Figueroa

Por Alejandro Figueroa

El pasado martes fue el día de las elecciones, un día en que los ciudadanos de toda nuestra Isla ejercieron su derecho a votar por el gobernador, comisionado residente, los miembros de la Asamblea Legislativa, los alcaldes y los legisladores municipales. Más de 1.2 millones de personas participaron del proceso electoral ese día, o antes de esa fecha en el caso del voto por adelantado, de manera pacífica y ordenada.

A todos los que ejercieron este derecho, felicitaciones por su participación en uno de los elementos más fundamentales de nuestro sistema democrático de gobierno, especialmente en medio de una pandemia que presenta desafíos sin precedentes. Pero nunca debemos olvidar que este es un derecho precioso del que la mayoría de la población mundial no goza, o al menos no de manera significativa.

Al momento de escribir este mensaje, hay un claro ganador tanto en las elecciones locales como en las nacionales pero varias candidaturas aún están pendientes de que se finalice el escrutinio. Esto puede decidirse muy pronto o tomar algo más de tiempo. Esto es de esperar con elecciones cerradas, especialmente con la complicación adicional de una pandemia.

Como buenos puertorriqueños debemos estar extremadamente agradecidos por las miles de personas en toda la Isla que voluntariamente participaron como funcionarios antes, durante y después del día de la elección para completar el proceso de votación y escrutinio de forma tal que pudiésemos tener un resultado claro a la brevedad posible. A medida que nos acercamos al Día de Acción de Gracias, todos deberíamos estar agradecidos por su compromiso con nuestra democracia.

La demora en que se determinara un resultado final fue frustrante e inquietante para algunos. Aunque, al contar con un escrutinio electrónico, todos queríamos que se declarara a un ganador de manera instantánea, teníamos y tenemos el deber de ser pacientes y comprensivos mientras se desarrolla el proceso democrático. A fin de cuentas, forjamos un mejor pueblo cuando nos reunimos para participar y debatir civilmente sobre nuestras diferencias, toda vez que defendemos y promovemos los valores de respeto, inclusión y expresión pacífica. Prospectivamente, como compueblanos, podemos y debemos inspirar a otros para que interactúen de manera reflexiva y desafíen la idea de que nuestros desacuerdos son demasiado grandes para lograr soluciones colaborativas.

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