Opinión de Julio Rivera Saniel: Nuevo juego, viejas reglas

Lee la columna de opinión del periodista Julio Rivera Saniel.

Por Julio Rivera Saniel

¿Que si el juego cambió? No hay duda. La pregunta es si permanentemente. Me refiero al tablero electoral del país. Ese que unos años era azul y luego rojo. En ese quítate tú pa' ponerme yo llevamos décadas y aunque el Partido Popular Democrático y el Partido Nuevo Progresista lograron los más altos porcentajes de aprobación electoral, resulta preciso revisar los números para descubrir que ambos partidos han perdido respaldo casi consistentemente. Tome usted el caso de la gobernación. Mientras Ricky Rosselló lograba hacerse con la silla de Fortaleza con poco más de 40 por ciento de los electores, Pedro Pierluisi será gobernador con poco más del 30. Ese hecho no solo representa una reducción en el respaldo a un candidato del PNP, sino también un aumento en la cantidad de electores que buscaron otras opciones dentro del panorama electoral. El Partido Popular no puede cantar victoria. Su candidato, Charlie Delgao, también recibió votos que rondan el 30 por ciento. De paso, en ese escenario electoral en el que La Pava y la Palma han jugado a las sillas musicales, el partido rojo no pudo quedarse con la silla en el turno que históricamente "le tocaba", a pesar que el partido azul tuvo uno de los peores cuatrienios (sino el peor) en la historia con la renuncia forzosa de un gobernador electo. A pesar de ese escenario y de la racha de arrestos contra miembros de la Asamblea Legislativa vinculados a la palma, el PPD no fue capaz de capitalizar. En su lugar, la abstención (presumiblemente de electores desafectos de los partidos principales) y los partidos emergentes parecen ocuparon el campo en un cambio en la conducta electoral que parecería suponer una inflexión histórica.

Entonces, si ese cambio llegó para quedarse y las fuerzas políticas se encuentran irremediablemente divididas entre cinco partidos políticos inscritos peleando por lograr buena pesca en el mar de electores, ¿hace sentido mantener las mismas reglas en un juego distinto? Me parece que no. Precisamente por ello me parece que el país debe discutir con seriedad la idea de realizar nuevas enmiendas a la Ley Electoral y, entre otras cosas, considerar la idea de una segunda vuelta. Ese mecanismo, con amplia tradición en jurisdicciones fuera de Estados Unidos, (en América, unos 14 países tienen alguna modalidad de segunda vuelta, por no hablar de Europa y el resto del mundo) supone que cuando en una elección ninguno de los candidatos o candidatas logre hacerse con la mayoría de los votos (mayoría absoluta en muchos casos) entonces se vuelve a votar, pero exclusivamente por los candidatos que obtienen las dos primeras posiciones en términos del respaldo de los electores. De hecho, existen diversas formas de "segunda vuelta"que varían de jurisdicción en jurisdicción. La lógica es bastante simple: ¿hace sentido que el 70% de los electores hayan votado en contra de un gobernante? Esa pregunta, vista a la inversa, supone que una persona puede llegar a la posición máxima del país a pesar de que la mayor parte del país votó en su contra. Ese panorama ya ocurrió con Rosselló, con Pierluisi y, por lo visto, continuará ocurriendo si el tablero de juego electoral se mantiene como hasta el momento. No sé si es la decisión correcta, pero sí parecería correcto estudiarla con seriedad.

Otro asunto que me parece que requiere evaluación es la posibilidad de permitir alianzas electorales entre partidos. No veo razón por la cual dos movimientos políticos puedan llegar a entendidos para remar en una misma dirección. En ese sentido, la rueda está inventada si se mira al resto del mundo. ¿Sería el paso correcto? Pues eso está por verse, pero no veo por qué el país deba cerrar la puerta a la evaluación seria de esas y otras potenciales reformas electorales.

El juego, señores, ha cambiado. Aferrarnos a viejas reglas en medio de un escenario novel no parece hacer ningún sentido.

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