Opinión de Emilio Pantojas: A un mes de las elecciones

Lee la columna de opinión del profesor Emilio Pantojas

Por Emilio Pantojas

El 2020 ha sido un año extraordinario. Temblores, pandemia, primarias fracasadas, el fraude de vacunas fatulas desenmascarado por la guerra sin cuartel dentro del partido de gobierno. Las elecciones prometen ser igualmente extraordinarias.

Los primeros dos debates a la gobernación marcaron un giro inesperado: el eje del debate se desplazó del estatus a la educación con perspectiva de género y los temas asociados a esta: la crisis de violencia de género, la emergencia para detener los feminicidios, los derechos de los sectores marginados y discriminados como la comunidad LGBTTQ, la comunidad sorda y las comunidades pobres abandonadas a su suerte desde el huracán María.

El nuevo marcador de divisiones no es estadidad, independencia y Estado Libre Asociado. Un voto por Juan Dalmau ya no es simplemente un voto por la independencia, es un voto para un gobierno justo y limpio, nos dice un discurso renovado del Partido Independentista Puertorriqueño. Mientras tanto, un voto por el Movimiento Victoria Ciudadana es un voto por una buena gobernanza y una asamblea constitucional de estatus, plantea esta organización de nuevo cuño que coaliga estadistas, independentistas y soberanistas.

El debate y las posturas se realinean entre el conservadurismo social y la lucha por los derechos de los grupos y personas discriminadas y marginadas. Este debate lo dominan los/as candidato/as jóvenes y progresistas del MVC y el PIP, así como el candidato independiente Eliezer Molina. Esto, a pesar del esfuerzo de los medios corporativos para privilegiar a los/as candidato/as de la partidocracia dominante.

Paradójicamente, podríamos decir que el único partido conservador que ha logrado su propósito principal en este ciclo electoral es el Proyecto Dignidad. Este es un partido centrado en un solo tema: “una educación pública libre de la ideología de género”. Y este es el tema que, precisamente, se ha convertido en el eje de los debates para la gobernación y de la discusión pública. Esto no quiere decir que su posición haya prevalecido, sino que han logrado suscitar la controversia al punto de desinflar la candidatura del candidato del Partido Popular Democrático Carlos Delgado Altieri, y destacar la candidatura de la senadora por acumulación del PD.

Una observadora perspicaz me dijo que los/as candidatos/as jóvenes lucen mejor en cada debate, mientras que los de los partidos tradicionales dominantes lucen peor. La pregunta es si esto se traducirá a votos por esos candidatos/as y partidos. No debe darse por sentado que los nuevos inscritos votaran en masa por las nuevas caras. Voté por primera vez en 1972 cuando la edad para votar se redujo de 21 a 18 años. En ese momento de fervor independentista entre la juventud se esperaba que el PIP sacara más de 100,000 votos. Y, aunque el PIP, duplicó el número de votos que recibió (69,654 en 1972 vs. 32,166 en 1968), quedó inscrito y eligió un senador y dos representantes por acumulación, no llegó a la meta anticipada. La expectativa opacó un gran logro y causó conflictos que impidieron construir sobre lo adelantado.

Estamos a las puertas de una nueva era. Si bien lo viejo no acaba de morir, lo nuevo se ve claramente surgiendo. Los partidos dominantes y su kakistocracia van en franca decadencia. El realineamiento político es claro, el estatus ya no es el tema central de discusión, salvo para el partido de gobierno. Los líderes de la kakistocracia se ven desgatados y su discurso de “transparencia”, y efectividad en allegar fondos federales por billones, da al traste con la corrupción rampante, las prácticas nepotistas y las promesas de reconstrucción incumplidas. Nadie le cree a la kakistocracia corrupta el cuento de “que ahora se portará bien”, como prometen los maridos maltratantes cuando son arrestados.

Los resultados de estas elecciones deberán sorprendernos, todas las encuestas se equivocaron en los pronósticos de las primarias. Los cambios demográficos del país y el realineamiento político hacen que las muestras de las encuestas sean inadecuadas o viciadas. Esto pasó en 2016 en Estados Unidos donde todas las encuestas principales anticipaban un triunfo de Hillary Clinton. Las tendencias que observamos anticipan que los “corazones del rollo” del “PNPPD” se reducirán. Los votos deberán cruzar líneas partidistas, facilitadas por la división de puestos en tres papeletas: estatal, legislativa y municipal. Como pasó en España no habrá un partido con mayoría absoluta. Habrá fragmentos y fragmentaciones, lo viejo mostrará desgaste y deterioro y lo nuevo mostrará vigor. El plebiscito sobre la estadidad no pasará de ser una carnada para los electores del PNP y, no importa su resultado, el debate del estatus continuará impertérrito. El cambio apenas comienza y será difícil e incierto. Pero un camino de mil leguas comienza con un paso. El cambio comenzó en julio de 2019, no será instantáneo, pero continuará su marcha inexorablemente.

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