Pánico y Guerra: Trump ante el grito de Ogún

Colaboración del profesor e investigador Eliseo R. Colón Zayas

Por Eliseo R. Colón Zayas

Un día daría la señal del gran levantamiento, y los Señores de Allá, encabezados por Damballah,por el Amo de los Caminos y por Ogún de los Hierros, traerían el rayo y el trueno, para desencadenar el ciclón que completaría la obra de los hombres. (Alejo Carpentier, El reino de este mundo)

Junio ha comenzado con imágenes que por su contenido, bárbaro, sucio, torpe y feo muestran lo obsceno del poder policial y político en Estados Unidos. Sobre este tema de la obscenidad, Cervantes en el capítulo 59 del segundo tomo de El Quijote nos alerta que “de las cosas obscenas y torpes, los pensamientos se han de apartar, cuanto más los ojos”. Sin embargo, en estos tiempos de muchas pandemias, no sólo virales sino de odio, racismo y guerras, el proverbio mediático de que “una imagen vale más que mil palabras” nos lleva a obviar la advertencia quijotesca y a no apartar nuestros ojos de esas imágenes de siniestra obscenidad.

Hay una secuencia de imágenes del 1 de junio que no sólo recogen la teatralización de la política y el estado policial en toda su obscenidad, sino que muestran el pánico del presidente de Estados Unidos ante la meritoria ira de la población civil por el asesinato de George Floyd el lunes 25 de mayo a manos de la policía. Son imágenes que cobre fuerza mediática a través de la transmisión en directo e instantánea que los medios audiovisuales y las redes sociales en Internet posibilitan. Lo más probable es que los asesores de marketing y publicidad de Trump pretendían con ellas neutralizar la noticia del fin de semana: Trump metido en un bunker.

Las imágenes de la secuencia narrativa de Trump saliendo de la Casa Blanca y atravesando el Parque Lafayette hasta llegar a la iglesia episcopal de San Juan cobran valor histórico y publicitario. Narran lo acontecido en un tiempo y en un espacio, a la vez que son imágenes utilizadas para construir publicitariamente a un personaje. Es el Trump que sale luego de estar encerrado en un bunker por su pánico a la muchedumbre, a la gente. Es el Trump que no consigue dar la cara a ningún líder mundial. ¿Puede Trump criticar a Xi Jinping por la nueva ley de seguridad nacional que afectará los derechos de los ciudadanos de Hong Kong? Claro que no, con qué cara se presenta ahora ante el mundo y menos después de que la noticia de su pánico y encierre en un bunker, como cualquier gran dictador totalitario en su otoño, se tornó viral globalmente.

Poco antes de las 7:00 p.m. del 1 de junio muchos espectadores comenzaron a ver a Trump en su soledad atravesando el parque Lafayette luego de que la milicia expulsara a los manifestantes pacíficos con gases lacrimógenos. El pánico a la muchedumbre lo había llevado a encerrarse en un bunker durante el fin de semana. La caminata de un personaje desquiciado cruzando la calle y atravesando el parque era su show of force. De toda la secuencia, el fotograma principal es el de la 7:09 p.m. cuando aparece el presidente de Estados Unidos con una biblia frente a la iglesia episcopal de San Juan. ¡Estamos ante el gesto fotográfico del gran dictador!

Trump Biblia

Es una advertencia que envía Trump a sus votantes blancos miembros de las sectas pentecostales fundamentalistas que proliferan por el Estados Unidos profundo. Quiere decirles: “Aquí estoy con mi verdad en la mano. ¡Síganme!” “¡Salí del bunker!”

Sin embargo, el contexto en que se da la imagen y la manera en que se organiza la secuencia narrativa ha provocado la ira de sectores religiosos y de la población estadounidense y global. Al director de imagen se le olvidó que la iglesia episcopal al igual que la presbiteriana pertenecen a la comunión anglicana y no al sector fundamentalista a quien Trump quiere dirigir su mensaje. Por otro lado, la secuencia publicitaria de un presidente caminando hacia las puertas de una iglesia reconstruye la visión escatológica que compartían distintos sectores cristianos de comienzos del siglo veinte, como los seguidores de Hitler, que concebían la guerra como la manera de acabar definitivamente con todas las guerras y alcanzar un supuesto mundo de paz que triunfaría sobre las fuerzas del mal. Sabemos que esta visión escatológica casi culmina con la destrucción del planeta.

Trump y asesores

Es Trump quien está ahora en guerra con Estados Unidos y con el mundo. Como en los tiempos de las dos guerras mundiales del siglo veinte, el asesor de imagen pretende construir publicitariamente a un líder arropado por unos supuestos valores definidos como la patria, el territorio, la religión, la familia en contra de los manifestantes. El asesor publicitario no puede contrarrestar el pánico del presidente. Trump se arropa con un gabinete cuyos rostros se muestran tan desencajados y desconcertados como el de él, su supuesto líder.

¿A quién apela Trump? ¿A quién intenta persuadir Trump? No puede apelar ni persuadir. Su único recurso es la fuerza, la guerra. Esta guerra Trump la comenzó hace meses. Todas las imágenes y la retórica que Trump ha utilizado desde el mes de febrero cuando habla del Covid-19 para reafirmar su necropolítica darwinista y maltusiana contra Estados Unidos y el resto del mundo son las de un presidente de un país en guerra. Pero cuando entra en pánico, recurre una ley de más de doscientos años, el Insurrection Act de 1807, y convierte la guerra en real.

George Floyd

Frente a la obscenidad de la figura de Trump surge un héroe. ¡El héroe es George Floyd!

Trump y su entorno son incapaces de darse cuenta de que George Floyd se ha convertido en un nuevo San Jorge-Ogún, contra los infieles de Trump y todo su gobierno. En términos simbólicos, imaginarios y reales, George Floyd es el nuevo San Jorge-Ogún que abate al enorme dragón Trump quien es el enemigo de la humanidad. Las últimas palabras de Floyd, I can’t breathe – No puedo respirar, se convierten en el grito de batalla este nuevo San Jorge-Ogún, a la vez que retumba en la población estadounidense como la fuerza capaz de destruir la maldad de Trump. El sacrificio que representa simbólicamente la figura de St. George Floyd, convertido en el Ogún liberador, da fuerza a los estadounidenses a tirarse al campo de batalla y a enfrentarse campalmente a las fuerzas de la oscuridad y el caos de Trump. Tradicionalmente San Jorge es el santo patrón de la iglesia anglicana y sus denominaciones estadounidenses episcopales (ahí donde fue Trump a mostrarse obscenamente) y presbiterianas. La representación de San Jorge en las deidades afro-caribeñas y afro-americanas es el orisha Ogún, dueño de los metales, del hierro y de la guerra. Simbólicamente, es una figura fundamental en las luchas de los esclavos por la libertad en el Caribe.

Lo más probable es que los asesores de imagen y publicistas de Trump no conocen la historia de Bouckman. Su historia la narra Alejo Carpentier en El reino de este mundo. Bouckman, poseído por “la fuerza de Ogún de los hierros, Ogún el guerrero, Ogún mariscal, Ogún de las lanzas”, encabezó la rebelión de los africanos en Haití que con el pasar del tiempo acabó con el régimen de Henrí Cristophe, uno que quiso ser rey.

Trump quiso ser rey. Por suerte, St. George Floyd-Ogún le lanzó su espada. Imagen y publicidad transmutaron.

George Floyd Ogun
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