Opinión del Padre Orlando Lugo: ¡Auxilio!

Lea la columna de opinión del Padre Orlando Lugo

Por Metro Puerto Rico

Depresión y suicidio, en ocasiones, van de la mano. Según el Departamento de Salud, el 16 por ciento de la población en Puerto Rico padece de algún tipo de trastorno mental leve, moderado o severo. De esos, casi el 6 por ciento de nuestros adultos mayores padece de alguna enfermedad grave de salud mental, siendo la depresión una de las más comunes. La mayor cantidad de pacientes con depresión se reportan entre las edades de 55 a 64 años. En tiempos del COVID-19 me atrevo a apostar que esa cantidad se ha duplicado. ¡Auxilio!

Suelen definir la depresión clínica como un trastorno del estado anímico en el cual los sentimientos de tristeza, perdida, ira o frustración interfieren negativamente con los quehaceres diarios por un periodo prolongado. El Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), advierte que el brote de la enfermedad del COVID-19 puede provocar gran estresor en algunas personas, especialmente entre los adultos mayores. “Padre, no puedo más. Mis hijos no me dejan salir, tampoco me llaman. Mis nietos no vienen a verme, ¿qué hago?”, es el desgarrador reclamo que recibo casi a diario en mi oficina parroquial de muchos abuelitos en la playa de Ponce. ¡Auxilio!

El temor y la ansiedad que produce el “encerramiento” en sus casas resultan verdaderamente agobiantes para los abuelos. Les generan emociones que pueden provocarles una tristeza profunda y prolongada, y hasta la muerte. Quizás, mas que tener prisa por abrir los templos de las iglesias, es momento de que la iglesia salga a la calle. Una sana espiritualidad podría ayudar a esta población a superar los retos del distanciamiento físico. Momentos de oración, lectura de la palabra de Dios y diálogos espirituales, son algunos de los métodos religiosos que pudieran ser útiles para palear el deterioro de la salud mental en tiempos del CODID-19. ¡Auxilio!

La depresión puede sanarse con un mensaje de fe y esperanza. Una palabra y una sonrisa amable bastarían muchas veces para alegrar un alma triste. Los cristianos estamos llamados a esta misión. Es momento de demostrarles a todos que la verdadera iglesia no es la que siempre denuncia el mal, sino la que se dedica, sobre todo, a hacer el bien. ¡Auxilio!

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