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Opinión: Desarrollo Económico como Elemento de Cambio

De cara al ciclo electoral, cambia el tono de las discusiones que se dan día a día en Puerto Rico. ¿Cuál es el mejor candidato?

De cara al ciclo electoral, cambia el tono de las discusiones que se dan día a día en Puerto Rico. ¿Cuál es el mejor candidato? ¿Quién obtendrá la mayoría legislativa? Y así, desde los foros más formales hasta los más casuales, el puertorriqueño se cuestiona sobre las propuestas para el próximo cuatrienio.

Aunque suene trillado, enfrentamos una recesión económica desde el 2006, y el ingreso promedio por hogar es el más bajo a nivel nacional: $23,793 versus $43,567 en el estado más pobre. Nuestra población ha sufrido un éxodo masivo, llevándonos de 3.8 millones de habitantes en el 2004 a tan solo 3.1. Y aunque se habla mucho de una reducción en la tasa de desempleo, lo cierto es que las personas empleadas apenas alcanzan el millón desde el 2013. Estos y otros datos socioeconómicos, nos fuerzan a concluir —aunque para algunos parezca insensible— que gran parte de nuestros males se resolverían al atender un asunto: el desarrollo económico.

La persona que vaya a habitar en el Palacio de Santa Catalina deberá destinar esfuerzos a ganar la confianza de industrias nacionales e internacionales, pues de estas, cada vez son menos las que operan en la isla. Para esto se requiere que la administración sea creativa y no se empecine en solo atraer lo que conocemos como “inversionistas de Ley 20 y 22”. También, es necesario poner la acción donde se da la palabra en lo que respecta a la permisología, pues tenemos que frenar la imposibilidad de hacer negocios en Puerto Rico. Ni hablar de la oferta turística de Puerto Rico, un paraíso terrenal que no tiene nada que envidiar a otros destinos, pero lamentablemente la industria representa solo el 6 % del producto interno bruto.

Al colocar la economía como prioridad lograremos múltiples cambios sociales; entre otros, frenar el éxodo poblacional y aumentar el empleo. Esto, a su vez, tendrá como consecuencia un aumento en las contribuciones por ingreso o ventas, y según los sociólogos, una reducción en la criminalidad y la deserción escolar. Y aunque suene como una fantasía, si catapultamos la economía, lograremos el sueño de muchos: decirle adiós a la Junta de Supervisión Fiscal.

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