Acusación de Trump

Lea la opinión del abogado de Alejandro Figueroa

Por Alejandro Figueroa

Hace tiempo que habíamos adelantado que el presidente Trump sería acusado. Aun así, cualquier persona con conocimiento de la historia y respeto a la Constitución de los Estados Unidos debe  haber sentido estremecimiento el miércoles por la noche cuando la Cámara de Representantes aprobó dos artículos de juicio político derivados del escandaloso intento del presidente de inducir a un país extranjero a investigar a un rival político.

Los republicanos en el Congreso, que han alcanzado un perfil colectivo en la cobardía al defender a Trump, independientemente de la evidencia, pretenden hacer creer que la votación del miércoles estuvo predestinada por la hostilidad demócrata hacia Trump y el resentimiento por su sorpresiva victoria en las elecciones de 2016. El representante Tom Cole (republicano de Oklahoma) afirmó que “los demócratas han estado buscando una razón para destituir al presidente Trump desde el día en que fue elegido”.

Absurdo.  Los demócratas no son quienes han ocasionado este escándalo que, a su vez, provoca el juicio político, sino el propio Trump. Que se haya convertido en el tercer presidente en la historia de los Estados Unidos en ser acusado es el resultado de su propio abuso de poder y desprecio por el Congreso, no una “cacería de brujas” partidista. No es un intento de “golpe de Estado” por parte de los demócratas lo que llevó a este resultado vergonzoso, sino la falta de respeto de Trump por las leyes, normas, instituciones y hasta el cargo que ocupa.

Que los artículos de juicio político hayan sido aprobados esencialmente en una votación de línea de partido no prueba que la destitución sea un complot de demócratas vengativos. Una mejor explicación es que los republicanos, temerosos de alienar la base de Trump, cerraron filas para apoyar al presidente.

Pero el proceso aún no ha terminado. El voto de la Cámara para acusar a Trump es una reprimenda histórica, pero es solo el primer paso. Para honrar la Constitución, el Senado también debe desempeñar su papel al tratar estas acusaciones con la consideración seria que se merecen, y escuchar los argumentos con una mente abierta.

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