2019: año mortífero para el periodista

Lea la opinión de la periodista Mariliana Torres

Por Mariliana Torres

El año 2019 podría cerrar como los doce meses más violentos contra los periodistas, tanto física como verbalmente. Han muerto más de 50 en circunstancias terribles y ejerciendo su deber en el mundo. Pero lo más horroroso es que el odio contra los profesionales de la información está aumentando debido a la falta de empatía de aquellos que tienen el poder y la autoridad sobre la conciencia de las masas, y en lugar de educar, desinforman a la población.

Lo peor de ese proceder es que los llamados líderes políticos recurren al miedo como método de presión para lograr su objetivo.  Ello es muy triste cuando lo logran, pues el ser humano es muy vulnerable. Entonces, lo que vemos y escuchamos son los ataques desmedidos contra aquellas personas que solo desean trabajar por la verdad. El odio contra los periodistas por publicar investigaciones valiosas ha aumentado, no solo resultando en fatalidades, sino también en eventos donde anteriormente se podían cubrir con riesgos… pero se podían cubrir. Ahora se sabe que ir a un evento mundial o una marcha que denuncia injusticias es un riesgo mayor. Claro, en Puerto Rico a una escala menor que, digamos, en Venezuela, México, Irán y Hong Kong. Ofrezco esos ejemplos porque son datos comprobados y tristemente observados, donde la reprimenda contra la labor periodística en manifestaciones públicas es alta. Incluso, en los países mencionados, son las autoridades del orden público las que graban y persiguen a los periodistas para que no publiquen imágenes que los vincule con atrocidades. Para los que siguen de cerca las estadísticas tan nefastas de intolerancia a la prensa y a la libertad de información, resulta nefasto el incremento de violencia contra los periodistas en los países que se jactan de ser democráticos y ser los propulsores de la libertad de prensa.

El discurso violento del presidente Donald Trump contra los medios de comunicación ha ocasionado el aumento de hostilidad, descenso de credibilidad en periodistas probados y la clasificación de los periodistas como enemigos del pueblo. Para un periodista serio es inconcebible que un mandatario que debería tener todas las cualificaciones como líder —y ello incluye el respeto por el ser humano— diga que un periodista es el enemigo cuando su informe periodístico es irrefutable. Ello repercute en el miedo del funcionario a perder el control y el poder sobre el pueblo.

Todos los periodistas estamos expuestos a que se nos persiga, se nos radiquen cargos absurdos, se nos humille y se nos golpee, pero el valor por el trabajo intachable jamás podrá ser eliminado por funcionario con poder alguno. Los ataques de Trump han logrado su objetivo, porque los periodistas no somos autocríticos y en ello fallamos. Tampoco se ha denunciado como se debería los que hacen mal su trabajo o se hacen llamar periodistas cuando no lo son. Esos sí son los enemigos del pueblo, pues desvirtúan y desprestigian la profesión.  A costa de la información, no valoran la libertad de prensa. Es sumamente alarmante la calificación de enemigos. Por ello, las organizaciones de prensa en cada uno de los países debe hacer valer nuestra utilidad y retomar la educación de la libertad como valor y derecho de cada ciudadano.

El llamado fake news como discurso resonante en la boca de Trump les hace daño a todos, pero no hemos sido suficientemente proactivos para refutarlo. Hay que decir por qué y retomar con datos lo que sostiene el periodismo: la verdad. Al retomar la defensa por los valores del periodismo y el respeto por el trabajo realizado.

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