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Hacen falta bibliotecas

Recientemente, participé de actividad de grupo comunitario que aboga por necesidad de establecer una política pública coherente sobre las bibliotecas en PR

Recientemente, participé de una actividad de un grupo comunitario que aboga por la necesidad de establecer una política pública coherente sobre las bibliotecas en Puerto Rico. El reclamo más concreto de Puerto Rico Necesita Bibliotecas es la reapertura de la Carnegie en San Juan. Sin embargo, su llamado no se queda ahí, y es que a lo largo y ancho del país hace falta revalorar el conocimiento y el acceso a la información como elementos críticos de una sociedad moderna y saludable.

Lo que valoran las ciudades y las naciones se puede conocer al observar el entorno urbano y los monumentos que se erigen en él. Las catedrales europeas del medievo eran una manifestación concreta del rol central de la fe católica en la vida y en el funcionamiento de dichos estados. En Nueva York, París y Londres, los grandes museos —catedrales al arte—, apuntan a la ebullición cultural de una época que marcó el pasado y también el presente de esas urbes.

De 1883 a 1929, el empresario y filántropo americano, Andrew Carnegie, financió la construcción de más de 2,500 bibliotecas a través de todo Estados Unidos, incluida la que conocemos en Puerta de Tierra. Ese proyecto, que requería un compromiso de fondos públicos para la operación de dichas bibliotecas antes de que se pudieran desembolsar los fondos para la estructura, demostró el sitial de honor en el que miles de Gobiernos locales colocaban el acceso público y gratuito a la información. Eran catedrales al conocimiento.

En el presente, nuestras catedrales son otras. Los centros comerciales son catedrales al consumo. Cegados, además, por lo que luce ser un acceso instantáneo al mundo a través de una pantalla de apenas unas pulgadas, se nos hace difícil distinguir entre la cantidad de información y su calidad. Obviamos, también, que no todos tenemos el mismo nivel de acceso, que hay personas que no pueden costear una conexión a internet, y que esa brecha —esa desigualdad informática— agrava los problemas de pobreza y alienación social.

La biblioteca hace falta. Espacios públicos donde no se requiera la compra de un café para tener derecho a estar. Donde las comunidades puedan compartir. Donde un niño pueda sostener un libro en sus manos, quizá por primera vez, si en su hogar no hay uno. Donde se enseñe a leer al infante y al adulto. Donde un empresario pueda trabajar e iniciar su proyecto soñado.

Y lo más crítico: un lugar donde hayan bibliotecarias y bibliotecarios. El rol de estas profesionales es enseñarnos a buscar y a aprender. A distinguir entre fuentes fiables y aquellas que pretenden manipularnos. En la era del #fakenews, son más necesarias que nunca.

Cuando era niño, iba a la Carnegie cuando la biblioteca de mi escuela se me quedaba chiquita. Quiero que pronto los niños de San Juan y de todo Puerto Rico puedan hacer lo mismo.

Para apoyar esta causa, sigue a @PRPROBiblioteca en Twitter.

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