A los jóvenes del 24 de julio

Lea la opinión de Armando Valdés

Por Armando Valdés

Mientras el resto del país debate que habrá de pasar hoy a las 5 de la tarde, se me ocurre que debemos mirar un poco más allá de ese horizonte tan cercano. Nuestro problema ha sido precisamente ese: un enfoque malsano en lo próximo y urgente. Por el contrario, los jóvenes –y sí, fue la juventud puertorriqueña la vanguardia de este movimiento tectónico en nuestro panorama político– protestaron por mucho más que la necesidad inmediata de sacar a un gobernador indecente. Lucharon por nuestro futuro.

Es por ello que en toda esta vorágine política no podemos perder de vista a quienes crearon este momento tan único en nuestra historia. Hay que agradecerles su valentía, creatividad, constancia y ejemplo. Hay que reciprocar su servicio al país.

Hace unas semanas, antes de que se diera a conocer el infame chat de Ricky y sus secuaces, publiqué una columna en estas páginas intitulada, “La promesa de Puerto Rico”. En ella hice la siguiente pregunta: “¿Qué le promete Puerto Rico a su gente joven?” La contestación cobra mayor relevancia hoy luego del despertar generacional del que fuimos testigos.

Nuestro país –como cualquier otro en la faz de la Tierra– depende, para su supervivencia y sostenibilidad, de su gente joven. Estamos en la obligación de crear un Puerto Rico que nutra sus esperanzas y le dé rienda suelta a sus voluntades. Un Puerto Rico que les prometa un futuro digno, y una razón para quedarse aquí y continuar su lucha por un mejor país.

En medio de la discusión sobre quién será el próximo gobernante y las peleas estériles sobre disposiciones constitucionales, nadie se ha hecho la pregunta sobre qué promete cada uno de los potenciales residentes de La Fortaleza. Wanda Vázquez ha emitido dos comunicados y dos tuits desde la renuncia de Ricky. De Pedro Pierluisi nos enteramos hace apenas 48 horas. Y Thomas Rivera Schatz, cual pichón de dictador, evidentemente desea el poder únicamente por ostentarlo.

No fue para esto que luchó la generación del 24 de julio. Nos corresponde escucharles y hablarles, y responder a su entusiasmo con igual optimismo y con una agenda en la que todo un país se comprometa nuevamente con su éxito.

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