Cuestión de honor

Lea la opinión de la editora en jefe de Metro, Aiola Virella

Por Aiola Virella

Las personas que ocupan cargos públicos de alto nivel preceden sus nombres con la palabra honorable. Esto porque se estima que, para llegar a ejercer su posición, cuentan con una alta estima del pueblo, representan los valores más importantes para la sociedad y están capacitados para la toma de decisiones que nos impactan colectivamente.

Una persona honorable debe ser justa, regirse por los principios que abonan a una sociedad madura y actuar a favor de un bien mayor. Sin pretender generalizar, muchas veces nos preguntamos si nuestro liderato político contemporáneo es realmente honorable o si la palabra se ha convertido en un simple accesorio del poder. La revelación de 889 páginas de conversaciones entre el gobernador Ricardo Rosselló y sus amigos en un ámbito que estimaban privado, ponen un signo de interrogación a la honorabilidad. Allí se puede encontrar un amplio repertorio de actitudes que no nos representan como pueblo. Pretender decir —como he escuchado por lo bajo— que todos en nuestro ámbito privado nos expresamos de la forma que Rosselló y sus más cercanos colaboradores lo hicieron en su chat de Telegram se aleja de la realidad.

Además de la ristra de expresiones machistas, homofóbicas, de desprecio a la pobreza, a las personas con discapacidad y a la prensa, hay otros asuntos que merecen analizarse con detenimiento, como la planificación del uso de recursos del Estado contra quienes consideren enemigos dentro y fuera de su partido.

Una de las cosas más chocantes al leer las cientos de páginas que han trascendido de ese chat es ver cuánto tiempo destinaba el primer ejecutivo del país a planificar y/o solicitar hashtags (palabras guías para búsquedas de contenidos en el espacio digital) y memes. Cualquiera que haya administrado una estructura organizacional, por sencilla que sea, sabe que el tiempo y las energías son vitales en el descargue de las funciones ejecutivas. Es por eso que nos preguntamos ¿cómo, en un país en crisis fiscal y aún en recuperación tras dos huracanes, el gobernante sacaba tanto tiempo para memes, hashtags y vacilón?

Me cuenta una amiga que, en el pasado, en la Legislatura se planteaba una “cuestión de honor” como motivo para tomar acción. Más allá de la petición de perdón por parte del gobernador, valdría la pena un examen de conciencia enfocado en una cuestión de honor.

 

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