Nuestra banda de conciertos

Lea la opinión de Hiram Guadalupe

Por Hiram Guadalupe

En la narración histórica de nuestra música popular las bandas ocupan un sitial importante, aunque muchas veces olvidada. Se trata de grandes y portentosas agrupaciones que han alimentado el cancionero popular puertorriqueño, dándole vida y gloria a nuestra cultura sonora por varias décadas, particularmente entre los años 1920 a 1970.

De esa hermosa tradición musical solo tenemos memorias que se han trazado a lo largo de investigaciones históricas y sociológicas, y que hoy nos permiten repasar las grandes aportaciones de figuras importantes de nuestro pentagrama, como Rafael Muñoz, Mario Dumont, Miguelito Miranda, Noro Morales, César Concepción, entre otros.

En tanto, la experiencia musical de las bandas solo persiste en nuestros días a través del legado de la Banda de Conciertos de Puerto Rico, una institución musical creada en 1966 mediante Resolución Conjunta de la Cámara de Representantes para servir las necesidades institucionales del Gobierno y para difundir nuestra rica y profusa cultura musical por todas las comunidades de la isla con la realización de conciertos, retretas y actos culturales.

Desde su creación, la Banda ha estado integrada por músicos profesionales de primer orden, veteranos y jóvenes, todas y todos con un talento excepcional y graduados de las principales instituciones educativas del país.

Luego de haber sido conducida en sus primeras etapas por los maestros Rafael Sánchez y José E. “Chelique” Rodríguez, en 1984 la agrupación inició una de sus mejores épocas cuando don Ángel “Lito” Peña Plaza asumió su dirección, tras haber trazado una historia musical fascinante al frente de la Orquesta Panamericana.

A partir de entonces, nuestra Banda de Conciertos, que siempre se distinguió por la variedad de formas interpretativas que podía ejecutar, comenzó a incorporar arreglos especiales de música popular adaptados a un conjunto de vientos, asociado hasta aquel momento a la interpretación de oberturas clásicas y marchas. De esa forma, don Lito Peña ajustó la agrupación al gusto popular porque, como solía decir, la banda tenía más elementos musicales que ninguna otra orquesta para crear un repertorio variado y rítmicamente rico.

Don Lito, sin embargo, siempre lamentó que los medios de comunicación enfocaran más su atención en popularizar géneros y estilos musicales que respondían al bombardeo inmisericorde del mercado y que, en parte, abonaban a menguar nuestra identidad rítmica. Por eso, entre otras cosas, defendía a capa y espada el trabajo de la Banda y abogaba porque las autoridades gubernamentales aportaran recursos económicos para mantener vigente esa tradición musical.

“Las bandas no deben verse como algo superfluo. Hay que auspiciar más actividades artísticas y culturales para despertar la conciencia del pueblo. Lamentablemente, hay dinero para muchas cosas, pero no para las artes, que no se consideran indispensables”, nos comentó don Lito en una entrevista periodística que le realizamos poco antes de fallecer.

Aquella alarma trazada hace varios años por el veterano y respetado músico yace vigente en nuestros días, cuando la Banda de Conciertos, hoy bajo la dirección de su hijo, el también respetado músico Ángel “Cucco” Peña, está amenazada por la escasez de fondos y de auspicio del Gobierno. Hace dos años que, por causa de la limitación de presupuesto, la agrupación ha estado inactiva.

Una iniciativa legislativa del presidente de la Cámara, Carlos “Johnny” Méndez Núñez, en conjunto con el representante José Aponte Hernández, podría salvar a esta insigne institución musical puertorriqueña, integrada por 48 músicos de alto calibre.

Se trata del Proyecto 1664, que propone transferir la agrupación a la Asamblea Legislativa, estableciéndola como un organismo permanente de esta y creando el Fondo Permanente de la Banda de Conciertos de Puerto Rico, con el objetivo de garantizar los recursos económicos necesarios para sufragar sus gastos operacionales.

En la actualidad, la responsabilidad de operar esta institución musical está en manos de la Corporación de Puerto Rico para la Difusión Pública, luego de haber pertenecido por años al Instituto de Cultura Puertorriqueña.

Esta medida fue aprobada recientemente en el Senado con algunas enmiendas. El proceso legislativo establece que corresponde una evaluación en un Comité de Conferencia para armonizar las sugerencias senatoriales con el texto original. El trámite está pendiente aún.

Sin pasar por alto la limitación de recursos que sufre el país, hay que reconocer la iniciativa del presidente cameral al valorar la aportación histórica de nuestra Banda y procurar preservarla. Resta porque la legislatura apruebe finalmente la medida antes del cierre de esta sesión.

Acoto unas expresiones de don Lito como punto final para reflexionar: “Nuestra banda nacional representa una oportunidad para situar el esfuerzo por mantener este género y orientar su derrotero. Además, representa nuestra identidad caribeña y puertorriqueña en las artes”.

Contenido Patrocinado
Loading...
Revisa el siguiente artículo