Política de gestos en San Juan

Por Hiram Guadalupe

La avalancha de cerdos vietnamitas que pululan por la comunidad de Cantera, en San Juan, no parece ser un problema para la alcaldesa Carmen Yulín Cruz, aun cuando la Ley para el Bienestar y Protección de los Animales (Ley 154 de 2008) fija responsabilidad primaria al municipio, en unión a la Oficina Estatal de Control de Animales y el Departamento de Salud, para atender situaciones como esa.

Pero ese no es el único problema social del que se desentiende la regente del poder capitalino. Lo mismo ocurre con el crítico estado en que se encuentran las carreteras y aceras de la ciudad, la falta de atención al recogido de escombros, los problemas de ornato, las personas sin hogar y la crisis de seguridad, entre tantos otros. Nadie puede negar que, en los últimos años, San Juan ha dejado de ser una ciudad esplendorosa.

Mas para todas las quejas que surgen de los ciudadanos sanjuaneros la respuesta de la alcaldesa es la misma: tirar la papa caliente hacia la Legislatura y La Fortaleza, al tiempo que lanza sus excusas por la falta de recursos y las dificultades financieras que alega ha enfrentado el municipio desde que el Banco Gubernamental de Fomento retuvo los fondos provenientes de la Contribución Adicional Especial. Es el cuento del disco rallado.

El representante del Distrito 2 de San Juan, Luis Raúl Torres, fiel y legendario miembro del Partido Popular Democrático (PPD), ha expresado en incontables ocasiones que su alcaldesa pepedé no responde a sus reclamos sobre el deteriorado estado de las carreteras y avenidas municipales del precinto que representa.
Ante la indiferencia de Cruz a las exigencias de su legislador, éste no ha tenido más alternativa que acudir a los medios informativos para requerirle al municipio que cumpla con su responsabilidad y que establezca su lista de prioridades cónsonas con las necesidades de la población capitalina.

Torres, según ha confesado, inventarió el deterioro en que están las calles municipales y ha dicho que está cansado de enviar cartas y cursar llamadas a la ejecutiva municipal para que atienda las quejas de sus constituyentes. Ha exigido, además, que la alcaldesa de San Juan haga público su plan integral y sistemático para atender el deterioro de la capital. El silencio y la indiferencia ha sido la respuesta.

Cualquiera que observa la situación en que se encuentra la ciudad de San Juan podría concluir que los serios problemas de convivencia que enfrentan los ciudadanos no son asuntos de interés para quien regenta el poder político del ayuntamiento.

Y aunque nadie puede ocultar las dificultades económicas que enfrentan los municipios, y el Estado en general, lo cierto es que una buena administración sabría hacer uso eficiente de los recursos para atender las cosas que son verdaderamente importantes. Ahí están los ejemplos de Carolina, Bayamón, Caguas y Mayagüez, que son, al igual que San Juan, municipios de mucha población que, con la misma estrechez fiscal, no enfrentan los problemas que hoy sufre la capital.

En San Juan permea la huella de la mala administración. Si describimos la realidad de la capital, sin la anestesia típica que suelen insuflarle los acólitos admiradores de la alcaldesa, tenemos cuentas públicas en rojo; índices de pobreza e indigencia creciendo; gastos injustificables, como los pagos por los continuos viajes de la ejecutiva municipal fuera de la isla y los recursos públicos que se emplean para costear sus escoltas; y quejas continuas por el (mal)trato que reciben los empleados municipales.

Sumemos a la lista que San Juan carece de un proyecto de desarrollo económico y, según han narrado públicamente comerciantes y emprendedores de la ciudad, en los últimos años la política pública municipal ha entorpecido las posibilidades de gestar nuevos negocios.

En palabras simples, en la capital se vive el desgobierno y la improvisación. Más que una política de hechos persiste una política de gestos, en la que sobran simulaciones, anodinos actos simbólicos y avalancha de tuits como estrategia de gobierno. Y es que, a todas luces, su alcaldesa ha entendido el cargo público que ocupa no como un trabajo cuyo objetivo es mejorar la calidad de vida de la población sanjuanera, sino como la vía para garantizar aspiraciones personales.

Mas ahora, cuando emprende su carrera para colocarse al frente del PPD como su candidata a la gobernación en el 2020, veremos a Cruz enfilando su estrategia discursiva con melodías de radical vanguardia, aderezada con técnicas de la mercadotecnia más chic y con estrategias proselitistas de persuasión política, típico de quien se aferra a ese populismo light, sin esencia e inocuo.

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