Valentía ante amenaza

Lea la opinión de la periodista Mariliana Torres

Por Mariliana Torres

El 2019 se perfilaba como uno de los años más difíciles para los periodistas de a pie e independientes. Y lamentablemente así ha sido. En estos primeros cinco meses, han sido asesinados 15 periodistas.

México continúa a la deriva en términos de seguridad periodística y se posiciona como el país más mortífero del mundo para la prensa. Cinco comunicadores han sido asesinados por transmitir información que no es del agrado de sectores vinculados a la política y el narcotráfico. Llama poderosamente la atención que el último periodista mexicano asesinado, Francisco Romero Díaz, tenía protección del Estado debido a las múltiples amenazas y los temas de alto perfil que estaba investigando. No le valió de nada la escolta.

En Afganistán, ya van tres periodistas que caen en el cumplimiento de su deber. Uno de ellos muy conocido en la televisión afgana. Tampoco le valió el reconocimiento y la imagen formada. Este escenario de violencia contra periodistas es peligroso y triste, pero no es nuevo. Desde siempre han silenciado a comunicadores cuando la información que se transmite y publica relata verdades que ponen en peligro los intereses y verdaderas identidades de los involucrados. El hecho de que estos casos ocurran en tierras lejanas no significa que no nos afectemos. Cada vez que un periodista es asesinado golpea nuestras carreras y los principios constitucionales de la libertad de prensa y expresión. Por eso, cada vez que ocurre un asesinato de un periodista lo siento muy cercano. Además, por cuestiones de amistad, me conmueve conocer el sufrimiento de una periodista española cuyo esposo, también periodista, fue asesinado en el balcón del hotel donde pernoctaba mientras llevaba a cabo una delicada cobertura. Ello no aminaló a mi querida amiga, quien sigue haciendo su trabajo periodístico y viviendo como puede. Es difícil ser periodista bajo amenaza constante.

Aquí en el Caribe tenemos también nuestras luchas, pues cada día perdemos la libertad para informar la verdad. Esconder y negar la entrega de documentos supone un asesinato a la libertad de prensa y de expresión. Esa situación es muy parecida a la que viven colegas en Francia, cuya libertad para buscar la verdad se ha visto trastocada por las citaciones recibidas por parte de las autoridades francesas. Los periodistas citados para dar explicaciones de quienes son sus fuentes de información. Los comunicadores estaban trabajando reportajes sobre ventas de armas de Francia a Arabia Saudita, pero el trabajo se tornó espinoso cuando les negaron documentos indispensables para poder probar sus hipótesis. Al igual que aquí, el periodismo de investigación está en peligro por la negación de herramientas esenciales de trabajo y por los casos legales incoados para lograr acceder a fuentes documentales esenciales. Estos escollos que parecerían dispararle directamente al corazón de la profesión periodística no deben entorpecer el deber de investigar.

La seguridad en el trabajo es importante, pero cuando se entra en esta carrera no se puede tener miedo. Para mí existen unas herramientas básicas y sencillas que hacen de esta profesión una carrera con mucho valor y respeto en casos delicados. La primera es la sensatez y el respeto por los derechos de cada cual. Un periodista llega hasta donde se permite, y nunca tenemos más derechos que nadie. Utiliza la agudeza y la experiencia para la determinación y el análisis de hechos que podrían llegar a ser violentos. No recurre a la violencia ni a las armas. Convence con la palabra y no confía en nadie. Los tropezones conllevan desarrollar malicia periodística, que es esencial para la profesión. Toma siempre precauciones, sobre todo si se está investigando con riesgos o en zonas peligrosas. Siempre es bueno proteger las fuentes de información. No es una práctica profesional ir divulgando a tutiplén qué se está investigando y quiénes son las fuentes de información. Tener miedo no es una herramienta útil y puedo asegurar que ninguno de los que perdieron su vida por la verdad lo sintió a la hora de hacer su trabajo.

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