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El embarre de Claudio

La noticia de la salida del técnico de cumplimiento de la reforma de la Policía de Puerto Rico, Arnaldo Claudio, sorprendió al país completo.

La noticia de la salida del técnico de cumplimiento de la reforma de la Policía de Puerto Rico, Arnaldo Claudio, sorprendió al país completo. Más que su salida, sorprende su estrategia de irse embarrando el proceso y al juez Gustavo Gelpí. No estoy adjudicando veracidad ni falsedad en sus expresiones, simplemente dramatizando la forma en que sale del puesto, porque lo que ha dejado es un embarre.

En la mañana del martes pasado, al anunciar su salida, Claudio denotó cierto nivel de coraje, rabia, lo que lo llevó, a mi juicio, a lucir destemplado, descontrolado y muy poco profesional.

Dijo a diversos medios: “… he decidido sencillamente desalojar a mi equipo y a mi persona de esto, para no tener nada que ver con unas posibles violaciones de ética o… Es un proceso. Sé que se ha prostituido por el despilfarro de dinero que la corte ha permitido… Yo he decidido que no voy a continuar apoyando un sistema que lo que está haciendo es robarle el dinero al erario público…”.

Claudio habla del juez presidente del Tribunal Federal, Gustavo Gelpí, y cuando menciona que se prostituye el proceso, habla de violaciones éticas y de permitir robo. Son imputaciones que le hace al juez por sus alegadas acciones o inacciones. Son imputaciones sumamente serias y, hasta el momento, algo irresponsables porque lanza sobras sin proveer evidencia y solamente hace inferencia a un contrato de una firma de abogados que dio, no el Tribunal Federal, sino el Gobierno de Puerto Rico.

“Teniendo conocimiento de todo esto, también he perdido la confianza en cómo la corte y el Departamento de Justicia de Estados Unidos llevan a cabo este proceso y, tristemente, cómo el Departamento de Justicia de Puerto Rico fue sacado del caso pagándole $3.7 millones a un bufete en el cual existen parientes de personas involucradas en el proceso de la reforma”, dijo. A eso me refiero, a que habla a medias, pone el signo de interrogación y no aclara. Y que conste, no estoy defendiendo al juez, porque, si actuó impropiamente, debe responder.

Ahora bien, si Claudio tiene evidencia de actos ilegales o antiéticos, de pillaje (usando el término que él usó), y no puede esbozarlos ahora, entonces debió esperar el momento en que pudiera hablarle abiertamente al país con transparencia, porque la forma de manejarlo no es transparente.

Ya en la tarde, lo escuché en Noti Uno 630 hablar en un tono más sosegado y “con la emergencia puesta” de lo bueno que él ha sido en la milicia, que es una persona de valores, que ha hecho esto y aquello por esta y otra persona, pero cuando se le pregunta sobre la sustancia de lo que había dicho más temprano, dijo que no podía hablar. ¿Entonces? ¿Para qué formar el reperpero, lanzar serias imputaciones y luego no poder sustentarlas amparándose en que hay unos cánones éticos que le impiden hablar? Por eso considero que al mediodía disparó de la baqueta.

Aunque actualmente no hablo con Claudio, lo conozco desde hace unos años, por medio de un general retirado del Ejército, que es amigo mutuo. Siempre fue muy cordial, respetuoso y afable, un tono muy distinto al del martes. Por eso me sorprendió su forma de manejar su salida.

Del juez Gelpí, muy poco lo conozco. He compartido con él en una o dos ocasiones y me parece una persona muy respetuosa e íntegra. Ahora bien, debe aclarar lo denunciado por Claudio porque su silencio puede hacer que la ciudadanía pierda la confianza en la integridad suya como persona, como juez y como juez presidente de la federal.

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