¡Qué semanita!

Lea la opinión de la periodista Mariliana Torres

Por Mariliana Torres

Tapón insoportable al inicio de la semana por accidente vehicular, quejas y quejas por conductores que violan las leyes de tránsito y no respetan el paso peatonal, multas a granel, anuncian el aumento en el costo del servicio eléctrico mientras se carece de este a la hora de preparar desayuno y cena, tristes noticias por el fallecimiento de la menor quemada presuntamente por su novio en Cabo Rojo, jóvenes estudiantes asesinados luego de tiroteo en barra de Caguas y, para colmo, una mujer anciana es golpeada brutalmente por un hombre en plena avenida santurcina. Y aún no he mencionado la crisis en el Departamento de Educación y el desmadre entre la Junta de Supervisión Fiscal y el Gobierno para acceder y repartir fondos.

Si no fuera porque pasamos, cada cual a su modo, un día fenomenal el domingo, Día de las Madres, tendríamos que optar por tomar el primer avión que salga. A la verdad que los boricuas tenemos paciencia y estamina para poder lidiar con tanto personaje que decide sin saber y que no mide consecuencias. Y seguimos aquí aguantando y aguantando. ¿Hasta cuándo? La contestación solo usted la sabe. Mientras tanto, respire, que solo hoy es el llamado ombliguito de la semana.

Todas las noticias que han trascendido han sido trágicas y dejan a uno pensando en cómo podemos hacer mejor el país cuando parece que la racha de acontecimientos que perjudican al pueblo continúa en aumento. Para un periodista serio y con conciencia de país, duele informar sobre esas noticias, aunque sean actuales y pertinentes.

Recuerdo el desaparecido noticiario En vivo a las 5, en el que solo se daban noticias positivas. Era excelente y no había cabida para el espectáculo de la noticia ni mucho menos para amargarle la vida al pueblo. Los intentos de resucitación del concepto no tuvieron éxito. Ganó el melodrama, el acontecer diario de las aburridas conferencias de prensa y los acontecimientos tristes antes mencionados.

Tengo que hacer la distinción de algunas noticias que han golpeado la sensibilidad. La muerte de la niña de Cabo Rojo quemada por su novio ha dejado desconsuelo. Una menor, a manos de un hombre, que sufre a tan corta edad las consecuencias de la violencia machista. Es sumamente importante que se retome la campaña de educación de la violencia de género en las escuelas, en los hogares, en los medios de comunicación, y que la prensa haga reportajes educativos para mantener vivas la consecuencias nefastas de esa conducta en las relaciones.

De igual manera, se debe retomar la concienciación y el respeto a nuestros mayores. Luchar por la dignidad de esos ancianitos que son nuestros viejos con sabiduría en la sociedad. Resulta indignante la golpiza que sufrió la anciana en la transitada avenida Ponce de León. ¿Podrán dormir tranquilos cada uno de los conductores que, mirando la escena como espectáculo, no se detuvieron a prestarle los primeros auxilios? ¿Cómo es posible que siguieran su marcha como si nada hubiera pasado? Ello dice mucho de la falta de caridad y humanidad en nuestra sociedad. En las redes sociales hubo repudio a las imágenes que muestran la cruda realidad del episodio. Centenares de personas compartieron el video como espectáculo, pero qué tal si mostramos compasión y ayudamos a identificar al delincuente. Qué bueno que una cámara de seguridad de un negocio delató al bandolero.

El asunto está en identificar certeramente al responsable y no a cualquiera que se parezca. Los medios de comunicación pueden colaborar en la difusión del boceto y del video. Hay que darle seguimiento a la historia hasta el cansancio. No podemos olvidar esta noticia. Esto es un ejemplo de por qué es importante darle seguimiento periodístico a las historias trascendidas por el bien de la sociedad. El mismo coraje y frustración que siente la familia de la mujer golpeada son los mismos que sienten miles de puertorriqueños conmovidos por la golpiza.

En cada uno de nosotros está la herramienta para detener la injusticia, la falsedad y la malignidad en nuestra sociedad.

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