De Sousa, Julián y el patriarcado

Lea la opinión del periodista Julio Rivera Saniel

Por Julio Rivera Saniel

Indudablemente, vivimos tiempos de importantes cambios en cuanto a las construcciones de género se refiere. Y si no, mire en dirección del movimiento Me too, esa aplanadora que ha venido a reclamar —con éxito— un cambio en el discurso público en el que se toleraba con pasmosa tranquilidad la perpetuación de nociones machistas aplicadas a las vidas de las mujeres. Vivimos, afortunadamente, una necesaria valoración de la mujer y su reclamo de equidad ante el hombre.

Sin embargo, aunque en la mayor parte de los ámbitos, el hombre goza de privilegios por género, en más ocasiones de las deseadas, el discurso de la equidad olvida al hombre y el hecho de que la búsqueda por destruir el modelo patriarcal no solo se trata de adelantar la causa de las mujeres, sino también de que los hombres logremos cambiar la manera en que se aborda nuestro discurso y las reglas sobre nuestros deberes y derechos. Esto es particularmente cierto al hablar sobre cómo nuestras historias son contadas, sobre todo al hablar de nuestro papel en el entorno familiar. Lo que se espera de nosotros como pareja, pero particularmente como padres, dista mucho de un modelo de equidad ante la mujer. Aun hoy, el padre sigue siendo visto como una figura “inferior” a la de la madre.

Un “colaborador” en la crianza y no un par; un proveedor y no un protagonista de los afectos de los hijos. Un sujeto cuyos derechos filiales están subordinados a los de su contraparte femenina. Y esa visión tiene consecuencias sobre los derechos de los padres. Estamos rodeados de casos —anónimos y públicos— en los que se minusvalora al hombre que es padre, y sus derechos son vistos como válidos solo en función de lo que la madre esté dispuesta a conceder. Mire el penoso caso de custodia entre Julián Gil y la actriz Marjorie de Sousa.

La pareja ha litigado durante tres años por la custodia de su hijo. El actor y modelo ha reclamado como abusiva la falta de acceso al menor y la manera en que las autoridades han colocado los reclamos de la señora De Sousa por encima del derecho natural de un padre a relacionarse con su hijo. Un caso muy público que no dista mucho de lo que viven a diario, de manera muy privada, cientos de parejas. En este caso, como en muchos otros de esos muy privados, mamá y papá no son tratados como iguales en el discurso. Y tampoco por las autoridades o los medios. En esta historia, De Sousa —la madre— exige cómo el padre debe relacionarse con su hijo, cuestiona su integridad moral, insinúa que es víctima de adicciones que nunca puede probar y todo, por lo visto, para ganar control del menor y, en el proceso, dictar las condiciones de las relaciones paternofiliales.

Entretanto, Gil —el padre— sigue con acceso limitado a su hijo, y su participación en la vida del menor casi se ve limitada al cheque que envía de mes a mes. Piénselo por un momento. ¿Cuál sería el tratamiento público de esta historia si los papeles se invirtieran? ¿Qué pasaría si fuera Gil quien pusiera traba tras traba para evitar que De Sousa se relacionara con su hijo? ¿Qué pasaría si fuera De Sousa quien tuviera que relacionarse con su hijo en uno de esos centros de visita a los que en alguna etapa se condicionaron las relaciones paternofiliales de Gil? ¿Qué pensaríamos si fuera Gil quien cuestionara la moral de De Sousa e insinuara que abusaba de narcóticos, como excusa para evitar las relaciones entre madre e hijo? ¿Seríamos igual de tolerantes o, por lo contrario, el discurso público ya lo habría consumido como consecuencia de la indignación?

Indudablemente, la historia sería distinta. Sería acusado de machista. Pero, irónicamente, en esta historia, la postura de De Sousa es la que perpetúa el modelo patriarcal en el que se establece que la crianza es asunto de mujeres y que el hombre es una figura de segunda clase cuando se trata de la vida de los hijos. Falta. Claro que falta mucho para hablar de la equidad. Conseguirla no será tarea completa hasta que el hombre, sus derechos y responsabilidades no sean revalorados.

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