Niña

Lea la opinión de la periodista Mariliana Torres

Por Mariliana Torres

¿Quién es la víctima? Esa fue la primera pregunta que pensé cuando conocí el espeluznante caso sobre violencia de género ocurrido en Cabo Rojo. Además, pensé en el tratamiento periodístico que, éticamente, se le debe dar a este caso cuando observé a una madre y a un padre del acusado acorralados mientras intentaban dar una explicación a preguntas torpes. Al lado de la madre, me llamó la atención el progenitor, cuyo cuerpo encorvado y cabizbajo ventilaba la vergüenza y la desesperación de observar cómo la vida de su hijo se trastocaba. La escena mostraba el desconocimiento legal de la mayoría de los periodistas jóvenes, así como los padres del joven.

¿Y la niña de 13 años? ¿Se acordó alguien de ella? Este caso es uno de muchos que ocurren a diario en Puerto Rico. Tanto hombres como mujeres son maltratados, pero muchos se callan por vergüenza y por el machismo prevaleciente en la sociedad. Es importante ahora concentrarse en la sanación de la menor, su recuperación mental e incorporación a una vida lejos del agresor. Mientras tanto, el llamado novio se encuentra en una fría celda en espera del debido proceso de ley, por lo cual, en términos legales y periodísticos, debe ser llamado sospechoso o acusado. Da pena cómo en las redes sociales se ha enjuiciado a las familias, se ha torturado al acusado y apenas un sector se ha preocupado por la menor. Ella es una víctima del grave problema social que hay en nuestro país por violencia de género. Es obvio que el problema no se está atendiendo como debería, pues se justifica al agresor y se revictimiza a las personas involucradas en la tragedia familiar.

Cuánta falta hace educar desde la cuna a ambos géneros sobre el respeto y el amor. La prensa también debe aportar a la discusión con planteamientos serios y no hacerse eco del morbo y del espectáculo de la noticia. La víctima es una niña que tiene integridad y dignidad. Espero que se recupere y se pueda convertir en una mujer profesional que aporte al país. Me parece que ese es el deseo de todos. Necesitará ayuda y ese componente familiar e interagencial que son indispensables en los casos de violencia machista. La visibilidad de las agencias que atienden este problema social es imprescindible. La Oficina de la Procuradora de la Mujer, el Departamento de la Familia y el de Educación han fallado en integrar programas de ayuda a víctimas de violencia de género. Por machismo, ocultan los casos de hombres maltratados, y por ignorancia, se hacen los sorprendidos cuando se revela la edad de la víctima. Cuando ocurren los incidentes desgraciados, es que actúan y divulgan programas de escritorio nunca ejecutados y mal entendidos en la Legislatura. ¿Quién protege a las víctimas? ¿Quién protege a los menores de edad? ¿Por qué es tan difícil entender que se necesita educación sexual en las escuelas? ¿Cuántas niñas y niños tendrán que pasar por esta agonía? La niña involucrada tiene quemado el 90 % de su cuerpo por el ataque propiciado por su supuesto novio. Los titulares del caso reflejan igual incertidumbre mental al justificar y aseverar que el ataque se debió a los celos. Mientras, decenas de personas ajusticiaron a los padres del acusado y de la niña. Definitivamente, hay que educar tanto en la base del hogar como en los componentes gubernamentales sobre dónde está la raíz de la violencia.

No sé lo que piense usted, pero parece un asunto de urgencia, ¿o hay que esperar que muera otra persona víctima de la violencia de género? En ocasiones, el miedo a denunciar lo incorrecto es uno de los problemas. Necesario también es que se escuchen otras voces con posturas que debatan preocupaciones, como, por ejemplo, la pérdida de libertades sociales. El hecho de que se juzgue y se señale sin contar con todas las pruebas es muy peligroso también, pues se asesinan reputaciones. El debate que se ha generado es necesario porque sensibiliza a la sociedad y reitera a los medios de comunicación la importancia de la educación en nuestra entrega diaria. La información necesita los llamamientos a la conciencia crítica colectiva y a la referencia justa de que tanto hombres como mujeres son víctimas, sin distinción de género, y que, por lo tanto, atenta contra los derechos humanos.

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