"Está bien...pero...está mejor"

"Los tiempos que vivimos llegan con nuevos retos, con el recuerdo de luchas ganadas y el reto de dejar camino andado para aquellos que llegarán después que nosotros"

Por Julio Rivera Saniel

La pasada semana, mientras transitaba por las calles del país hacia alguno de mis múltiples compromisos y, en medio de la Semana de la Mujer, me topé con múltiples pizarras electrónicas con mensajes que parecían caer como anillo al dedo. Todos encerraban mensajes de empoderamiento y, muchos de ellos, estaban redactados con la intención combatir múltiples nociones machistas. “Está bien llorar. Está mejor que no te dé vergüenza”, leía uno. Como retando aquello de que el llanto es un signo de debilidad y, peor aún, de debilidad femenina. “Está bien andar sola. Esta mejor que no te dé miedo estarlo”, en claro reto a esa idea de que si se es mujer, no se debe andar la calle sola. Hacerlo parece ser para algunos un privilegio exclusivo del hombre. Las frases en aquellas pizarras continuaban, pero una se me quedó grabada de inmediato.

“Está bien defender una causa. Está mejor hacerlo por la próxima generación”. Se trata de una línea  sencilla que pone en contexto la importancia de las luchas libradas con el convencimiento de que lo que se exige es justo. Una lección que es fácil de comprender cuando miramos atrás y reconocemos que los privilegios y derechos de los que gozamos hoy han sido el resultado de las luchas de mujeres y hombres, antes que nosotros, comprometidos con la búsqueda de lo que está bien no solo para ellos, sino para los que vendrán. Reconocer esas luchas —las que nos han antecedido— resulta fundamental para comprender las luchas que otros libran hoy. Nuestra tolerancia  a veces peca de corta. Cuando vemos la manifestación de turno, aunque simpaticemos con los reclamos, en ocasiones saltamos a cuestionarlas si afectan nuestra vida cotidiana.

Genial aquello de la “igual paga por igual trabajo”. Importante denunciar el aumento en el costo de vida, la falta de empleos en sectores especializados o un sistema de salud cada vez más limitado por causa de los recortes presupuestarios. Claro que nos preocupan la falta de seguridad en las calles y la deficiencia de agentes; también la falta de personal en Ciencias Forenses y los cientos de casos de violación detenidos porque esa dependencia no ha completado el análisis de cientos de los llamados safe kits acumulados allí durante años. Pero cuando esos reclamos son levantados desde manifestaciones que retrasan la llegada a nuestro destino porque provocan tapón, o cuando el silencio de nuestra zona residencial se ve interrumpido por las consignas que salen de un megáfono, o cuando nuestra visita al centro comercial se da con demora porque nos topamos con un grupo que levanta consignas, entonces nos parece excesivo. Queremos que alguien denuncie lo que nos preocupa, pero no queremos que esa denuncia afecte nuestra agenda diaria. Después de todo, descargar nuestras frustraciones y reclamos desde Facebook es suficiente desahogo, parecería pensar más de uno.

La próxima vez que la rabia le invada cuando se tope con alguna de esas manifestaciones, sobre todo si simpatiza con lo que se reclama, recuerde que los derechos de los que hoy goza no llegaron por generación espontánea. Que el derecho al voto, al salario mínimo, a la educación superior para la mujer y hasta a la libertad misma han sido derechos adelantados porque otros antes que usted optaron por interrumpir la cotidianidad; por provocar un dolor de cabeza. En definitiva, por convertirse en la piedra que molesta en el zapato. Solo así, desde el activismo, esos y otros derechos nos cobijan hoy a todos.

Los tiempos que vivimos llegan con nuevos retos, con el recuerdo de luchas ganadas y el reto de dejar camino andado para aquellos que llegarán después que nosotros. Escoge tu causa. Es posible que la tuya no sea la del que está a tu lado. No solo vota, sino participa. Exige, movilízate, siempre que lo hagas desde  la más profunda convicción. Insiste, incomoda. Conviértete en la piedra que estorba en el zapato. ¿Molestosa? Indiscutiblemente. ¿Necesaria? Sin lugar a dudas. Sobre todo para tus hijos y las generaciones que están por venir.

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