De crisis humanitarias

Lea la opinión del periodista Rafael Lenín López

Por Rafael Lenín López

Ayer hubo toda una conmoción tras la decisión del gobernador de activar la Guardia Nacional para atender la situación de las islas municipio donde los alimentos y suministros no llegan con la regularidad esperada, por el eterno problema de las lanchas públicas que viajan entre la llamada isla grande, Vieques y Culebra.

La decisión de Rosselló lució acertada para atender el inmediato problema que se enfrentaba en ambas islas. Era urgente que llegaran las cosas. Sin embargo, con un tono exagerado se proclamaba desde las zonas en problemas, que se enfrentaba una crisis humanitaria. Con eso hay que tener cuidado para que, cuando ocurran situaciones realmente graves, que pongan en peligro la misma vida humana, se les preste la atención que merecen y no se minimice la situación.

Sin el apellido humanitario, las islas municipio, particularmente Vieques, sí han vivido una crisis por las pasadas décadas. Pero la crisis ha sido por la falta de ejecución de la política pública que ha sido necesaria para atender los problemas más apremiantes para los viequenses y culebrenses. 

Lo que vemos en estos días no es otra cosa que el cúmulo del olvido, la discriminación, la ausencia de prioridades y hasta de insensibilidad con esas poblaciones. Si los accesos al Condado estuvieran averiados de forma tal que la gente no pudiera salir o entrar, y la comida no llegara, el problema se comprendería mejor, lamentablemente. Pero son comunidades lejos del lente metropolitano, que apenas cuentan en la agenda del país, nos ha dicho la historia.

En cuanto a las lanchas, el Gobierno —a lo largo de los años y las distintas administraciones— ha sido incapaz de establecer un proyecto eficaz que atienda las necesidades básicas de estos pueblos. El Gobierno nunca pudo establecer un buen sistema de embarcaciones para transportar gente y carga sin enfrentar dificultades mayores. Muchos dicen que ese fracaso representa, en su máxima expresión, el problema operacional serio que ha enfrentado el Gobierno por décadas.

Pero más que eso, Vieques y Culebra han carecido de un desarrollo económico organizado y planificado. Han dependido de los esfuerzos privados, no coordinados, algunos silvestres, para que haya cierta actividad económica. Irónicamente, son las dos islas que mercadeamos en el exterior como las joyas de nuestra Corona, pero no actuamos como tal.  Las quejas muchos las ven, incluso, como molestosas. Y, ciertamente, son nuestras joyas, que deben ser respaldadas por todos, no solamente para ir a pasar el weekend y retratarnos con el alardeo típico de que vivimos donde otros mortales vacacionan.

Cuando se luchó por la salida de la Marina de Vieques y, finalmente, se produjo la desmilitarización en 2003, no se tenía un plan. Dieciséis años después no existe, para Vieques ni para Ceiba, donde también hubo desalojo como consecuencia del cierre del polígono de tiro.

En fin, la crisis no es de esta semana ni se reduce a ATM. La crisis es el resultado de no haber atendido, hace tiempo, a nuestros hermanos viequenses y culebrenses, que han gritado hasta el cansancio reclamando atención.

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