San Juan como motor económico

Lea la opinión de Armando Valdés

Por Armando Valdés

San Juan es el principal motor económico de Puerto Rico. Como sede de importantes sectores productivos, atrae a diario a cientos de miles de personas que trabajan o buscan bienes y servicios en la capital. Sin embargo, la actividad que se da dentro de sus límites territoriales no siempre redunda en mayor bienestar para sus residentes, en una distribución más equitativa de oportunidades ni en beneficios públicos que mejoren la calidad de vida de todos los sanjuaneros. 

Mi visión para San Juan, denominada Ciudad Líder, procura, en el tema de desarrollo, convertir nuestra capital en el municipio más competitivo para crear nuevas empresas, Los focos de este programa de desarrollo socioeconómico son:

1) Agricultura urbana – La disponibilidad de terrenos baldíos en la ciudad nos obliga a procurar soluciones que permitan la reactivación de dichos espacios, respetando siempre los derechos de sus propietarios. Viabilizar contratos de arrendamiento, a cambio de exenciones en las contribuciones sobre la propiedad inmueble, para la utilización de estos lotes como huertos urbanos, crearía actividad y ocupación donde antes había solo abandono. Cooperativas de agricultores, consumidores y restaurantes podrían utilizar estos espacios para cultivos que se vendan y se consuman en los grandes polos gastronómicos de la ciudad, mientras, a su vez, se crean oportunidades de empleo y empresarismo para residentes de áreas cercanas.

2) Turismo – San Juan es el principal atractivo de Puerto Rico como destino turístico. Lamentablemente, ni siquiera quienes deben promover nuestra isla en el exterior entienden este concepto tan básico. Justo ayer, el ente privado que ahora mercadea a Puerto Rico, presentó la marca de la isla que, según El Nuevo Día, se describe como “una celebración vibrante y colorida, infundida con una gran pasión, que baila a un ritmo que no se parece a ningún otro lugar del mundo”. Va sin decirse que esta descripción insulsa podría aplicarles a decenas de destinos, e ignora el principal distintivo que tiene Puerto Rico: San Juan. Es por ello que la ciudad debe promoverse de forma independiente como un destino cultural, culinario e histórico, pero, además, como una urbe caribeña sin igual, con una sociedad innovadora, contemporánea y juvenil. Dicha promoción, a su vez, debe venir acompañada de inversiones en zonas y atractivos de interés turístico dentro de la ciudad, como La Perla, Viejo San Juan, Trastalleres, Ocean Park, Condado, la Calle Loíza, Santurce, Miramar, Río Piedras, el Jardín Botánico de la UPR, y el Choliseo, entre otros, para que el rendimiento económico se distribuya ampliamente.

3) Exportación de servicios – A pesar de que se habla mucho de la Ley 22, la cual atrae residentes de alto valor adquisitivo a vivir en Puerto Rico a cambio de un trato contributivo preferencial, menos se dice sobre la Ley 20 y los beneficios contributivos que les ofrece a empresas que exporten servicios desde Puerto Rico. Dichos incentivos, ofrecidos por el Gobierno a nivel central, deben convertirse en eje de una estrategia de desarrollo que promueva que empresas locales comiencen a exportar sus servicios bajo dicha ley, y que empresas de afuera se trasladen a San Juan para tomar ventaja de estos atractivos beneficios. La oficina de desarrollo económico del municipio sería el principal promotor de estos beneficios y tramitaría los decretos de exención a cambio de que las empresas —locales y extranjeras—se radiquen en San Juan.

4) Industrias creativas y culturales – La Ley de Industrias Creativas, la Ley de Incentivos para el Desarrollo Integral de la Industria del Libro en Puerto Rico, y otras similares, proveen incentivos a nivel de todo Puerto Rico para empresarios que buscan desarrollar actividades culturales que crean valor económico. El municipio debe procurar orientar a los miles de creativos que radican en San Juan para que se aprovechen de estos beneficios que no tienen costo para la ciudad. De igual forma, se debe eliminar el requisito de un permiso de uso para nuevas modalidades de empresas que operan virtualmente desde el teléfono celular o la computadora portátil de sus gestores. Facilitar y no entorpecer la gestión de estas empresas será el motor que atraerá innovación y creación en este sector.

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