#Adopta

"Me considero un amante de los animales, particularmente de los perros. Hace unos cinco años, en la familia, perdimos nuestra mascota. Se llamaba Chikki. Una adorable salchicha".

Por Rafael Lenín López

Mi trabajo me permite conocer gente extraordinaria todos los días. Gente que aporta al país y que trabaja incansablemente por echar nuestra isla hacia adelante. Esa es la mayoría.

Pues les cuento que en mi trabajo periodístico había escuchado mucho sobre la adopción de animales como alternativa para adquirir una mascota, darle un techo seguro y amoroso, y, al mismo tiempo, reducir la cantidad de animales realengos. Pero nunca había tenido la experiencia de adoptar. Eso ocurrió la semana pasada.

Me considero un amante de los animales, particularmente de los perros.  Hace unos cinco años, en la familia, perdimos nuestra mascota. Se llamaba Chikki. Una adorable salchicha. Murió a los 11 años por problemas de salud.

Llevaba más tiempo en el hogar que Rafa, nuestro hijo mayor, cuando murió. Así que, para ese entonces, él había crecido con ella a su lado. Cuando se nos fue inesperadamente, fue una tragedia. Todos la sufrimos.

Hasta ese momento no había comprendido el amor que se le tiene a un animalito, y para nuestro hijo fue, probablemente, uno de los primeros acercamientos al tema de la muerte de un ser querido. La lloramos, hasta el sol de hoy.  Mucha gente nos recomendó sustituirla de inmediato, pero resistimos a ello.

Amigos y hasta políticos que cubría (era inevitable contar el suceso por el impacto que tuvo) se ofrecían para llevarnos una nueva mascota. Lo pospusimos comprendiendo, además, el compromiso que hay que tener cuando se decide adquirir una mascota por la vía que sea.

Esa pausa concluyó la semana pasada. Una visita al albergue de animales de Guaynabo de la Humane Society of Puerto Rico bastó para salir con una nueva miembro en la familia. Se llama Layla, y ya en casa, le han puesto Katerina de segundo nombre.

Le ha impartido al hogar un sabor y un ambiente que hacía falta. Soy de los que creen, además, que los niños, aquellos ávidos para ello y con una familia que los respalde, deben tener esa experiencia por aquello de aportar en el proceso de agudizar su sensibilidad hacia el resto de la sociedad.

Layla, en su primera semana en la casa, se ha adaptado magníficamente y ya nuestra Lena, que no había tenido la experiencia de la mascota, comienza a comprender lo hermoso y, al mismo tiempo, lo serio que es tener el animalito que tanto llevaba pidiendo.

Si quieren una mascota, adopten uno. Hay muchos esperando un hogar comprometido que les brinde amor. Y por mi experiencia, en el albergue de Guaynabo hay gente seriamente comprometida con ese proceso. Las fotos de ella las puede ver en mi Instagram.

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