Keylla

La periodista Mariliana Torres recuerda a su colega Keylla Hernández tras su fallecimiento el pasado 31 de diciembre

Por Mariliana Torres

El 2019 recibe a la clase periodística del país de luto.

Nuestra querida compañera Keylla Hernández descansa luego de sufrir desde el 2015, cuando ella misma lo anunció, de cáncer. Fueron muchos los que me preguntaban por ella y siempre contestaba en su lucha. Su enorme sonrisa opacaba el padecimiento que batallaba día a día.

Es difícil mostrar un rostro feliz en la pantalla mientras sientes que el techo se desploma pero por respeto al público: “the show must go on”. Duele a todos la pérdida de Keylla como si fuera un familiar. Ese es precisamente uno de los poderes de la televisión. El acercamiento al público es constante y más cuando se transmite alegría, conocimiento y profesionalismo. A Keylla la conocí más como universitaria en la llamada Resi de Sagrado.

Vivíamos en el mismo hospedaje de la universidad santurcina. Fue allí donde se destacó como líder estudiantil aportando grandes ideas para transformar espacios e innovar desde el conocimiento periodístico. Como parte del primer grupo de participantes del taller de TeleSagrado pudo demostrar su capacidad como asistente de producción, productora y luego como presentadora. También destacó su capacidad para calcular acontecimientos, planificar eventos en su vida personal y llevar siempre el mensaje de respeto ante todo.

Esa es la Keylla que conocí. Otra chica de la Resi. Tomamos caminos distintos e incluso fuimos competencia amistosa por trabajar en canales de televisión distintos. Sin embargo, cuando nos encontrábamos en la calle era la misma chica sencilla y risueña que un día llegó de Mayaguez. De Keylla quiero transmitirle a la nueva generación de periodistas su gesto amable y respetuoso. La gente la apreciaba mucho por su don de gente. Y es que se puede ser un periodista implacable y serio, pero también al servicio de quien lo necesite.

Esa es una herramienta maravillosa que debemos desempolvar pues el trajín diario, observar tanta maldad, corrupción, asesinatos y dolencias a diario trituran nuestro corazón. Keylla nunca perdió la sensibilidad y esa fue su herramienta periodística mas preciada. Cultivar la sensibilidad hace nuestro trabajo periodístico más valorado. Cada historia de contenido fuerte que se transmite tiene protagonistas y golpea muchas personas por las consecuencias dolorosas. Por eso siempre debemos pensar primero en el dolor que podemos causar.

Transmitir una noticia fuerte con sensibilidad nos coloca en una posición de respeto ante la audiencia. La melodiosa voz de Keylla también invitaba al sosiego y nunca a alarmar. No hay porqué hacerlo. Transmitir una noticia no significa gritar. Los que escuchan merecen respeto.

Este año 2019 que recién comienza solo pido mas tolerancia para poder ejercer la profesión y emular el respeto que me llevo de Keylla. Que podamos adentrarnos a los grandes avances digitales sin perder los valores del periodismo. Deseo seguridad para todos los compañeros periodistas en el mundo sobre todo aquellos que a pesar de las amenazas logran publicar e investigar.

Sosiego para las familias de 82 periodistas (incluyendo colaboradores e internautas) asesinados en el 2018. Abrimos el año con 171 periodistas encarcelados. No es fácil buscar la verdad y publicarla, pero confío en que podamos respetarnos y seguir luchando por la libertad de prensa. Me anima que cada día mas periodistas egresados apuesten a fundar su nicho periodístico en las redes sociales o lugares privados digitales. De eso se trata: que nadie nos detenga y logremos publicar con la verdad siempre de frente.

Recuerde que cada vez que un periodista es agredido, asesinado, encarcelado, confrontado con hostilidad y recibe ataques verbales usted también está siendo atacado y le estan violando el derecho a la información.

A Keylla le digo gracias por hacerte sentir y hacernos parte de tu vida aún cuando las dos eramos pequeñas delfinas sin saber cual sería el destino de nuestra carrera profesional. Lo mejor de todo es que pudo ejercer con gallardía porque amaba y defendía su profesión. A su familia un abrazo.

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