Opinión: ¿A trabajar en qué?

Lea la opinión del periodista Rafael Lenín López

Por Rafael Lenín López

La crisis económica en Puerto Rico siempre tiene un remedio para un sector del país, usualmente el más adinerado: que los cuponeros trabajen. Claro, muchos de esos ricos empresarios ignoran su misma realidad: que las fortunas que han levantado han dependido del Gobierno mediante contratos, incentivos, créditos contributivos y otros beneficios. ¿Los convierte eso también en otro tipo de cuponeros? ¡No! Nosotros estamos trabajando, dicen algunos ante ese señalamiento. Juzgue usted.

Pero hablemos de ese reclamo que mencioné primero. Esta semana, el presidente de la Junta de Control Fiscal insistió en que la tasa de participación laboral tiene que aumentar y le advirtió al Gobierno de Rosselló que tienen que imponer el requisito de trabajo a los beneficiarios del PAN a partir de julio próximo. La secretaria de la Familia ha dicho que no puede ser antes de octubre de 2020 que dicho requisito entre en vigor plenamente debido a los adiestramientos, orientaciones y adaptaciones técnicas que tienen que hacer en sus sistemas.

Es cierto que es imperativo que aumentemos la participación laboral en Puerto Rico. Los números de personas que trabajan en la isla son vergonzosos. Es cierto también que hay que eliminar la dependencia y promover el trabajo. Sin embargo, creo que hay cosas que tienen que ocurrir antes de pedirles a los pobres que se pongan a trabajar. Porque la pregunta es: ¿a trabajar en qué? Claro, la contestación de muchos será: “¡Trabajo hay de más! ¡Que se vayan a un fast food o a ligar cemento!”

Eso de que trabajo hay de más, no lo creo. De que hay trabajo, lo hay, aunque no me parece que para atender a toda la población desempleada que está hábil para ingresar en el mundo laboral formal. Pero la realidad es que debemos aspirar a más como pueblo. Primero, no es negocio para los beneficiarios del PAN salirse de la dependencia e irse a trabajar. Segundo, los trabajos disponibles para esa población son temporales, inestables, sin beneficios, que al final del camino se convierten en un dolor de cabeza en vez de una solución para muchas familias.

En lugar de estar haciéndoles reclamos a los pobres para que trabajen, llamado que es muy fácil desde los sueldos privilegiados, lo que deben estar haciendo los organismos que toman decisiones —llámese Junta Fiscal o Gobierno de Puerto Rico— es articular y ejecutar un modelo que prenda nuestra economía, pero no con efectos temporales, sino permanentes. Hay que crear el ambiente para que tengamos empleos atractivos para todos los sectores de la población y que sean empleos que no solo representen un salario para un ciudadano, sino que signifiquen orgullo y responsabilidad con el futuro del país.

Aunque muchas personas viven como la canción del Gran Combo, comiendo y sin trabajar, y que algunos no dan un tajo ni en defensa propia por vagos, demonizar a los pobres porque, como país, no hubiésemos creado una economía que represente oportunidades para todos es reprochable. Tampoco, como sociedad, hemos procurado romper con la desigualdad social. Tampoco hemos procurado tener un sistema educativo de primer orden, impecable, para que el acceso, al final, al mercado laboral, de todos los ciudadanos, sea equitativo.

Así que trabajemos en lo difícil y pensemos en una nueva economía sustentable antes de pedir lo fácil, con tonos prepotentes. ¿Trabajar en qué? Esa es la pregunta que ellos se tienen que contestar.

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