Freno a la violencia de género

Por Hiram Guadalupe

El número de casos de violencia de género registrados en el transcurso de lo que va de año es alarmante. Hasta finales de noviembre, este problema social había cobrado la vida de 23 mujeres.

El dato revela que algo anda mal y que, por consiguiente, el Estado no está abordando correctamente el problema. A los casos de violencia de género se suman las cifras de muertes que ocurren a diario en nuestras calles, que en su mayoría devienen de las guerras por el control del mercado de la droga.

Los niveles de violencia en el país aumentan. Nadie puede negarlo, aun cuando el jefe de la sombrilla de seguridad, Héctor Pesquera, se ufana en vociferar que las estadísticas dizque oficiales de la Policía reflejan una reducción en la comisión de delitos. ¿Alguien le cree?

Desde la perspectiva sociológica, el desgaste de nuestra estructura social se evidencia en la manera como se han ido deshilando nuestros lazos de convivencia ciudadana, matizado por una sociedad que se sumerge cada vez más en un clima violento.

Y de entre todos los casos que presenciamos a diario, la violencia machista es, sin dudas, un fenómeno complejo que va en alzada y que, por más campañas que clamen por la mesura y la prudencia ciudadanas, no asoman atisbos de desaparecer mientras no actuemos con responsabilidad examinando las raíces que generan el problema y las instancias en que se reproduce.

Como sociedad, nos corresponde erradicar los efectos indeseados del culto a la violencia del que somos víctimas venga de donde venga. Eso incluye desde la violencia social inducida por el Estado, las agresiones policíacas y la distribución entre nuestros infantes y jóvenes de artefactos altamente violentos, disfrazados de material recreativo, como armas ficticias y juegos electrónicos que hacen loas al crimen y la delincuencia.

Más aún, debemos condenar la glorificación al ataque físico y verbal que suscitan producciones radiales y televisivas, muchas de ellas cargadas de contenido sexista que promueven relaciones desiguales entre parejas, que incitan a la violencia de género y, entre burlas, estimulan conductas homofóbicas y xenófobas.

Esto último es urgente porque, si observamos con detenimiento, vemos que hay sectores de nuestra sociedad que, embelesados por las ideologías que se transmiten a través de ciertos programas difundidos por los medios de comunicación, conciben la relación desigual entre hombre y mujer como si se tratase de una conducta aceptable.

Y no se trata exclusivamente de aquellas producciones radiales y televisivas definidas como productos de entretenimiento. Esa reproducción ideológica, de corte sexista, suele escucharse, además, desde algunos de esos espacios que a diario comentan noticias y que se mercadean como protectorados de una verdad impoluta.

Desde ahí también se profieren burlas continuas, comentarios indecorosos y expresiones machistas que desencadenan en una especie de bullying social que degrada la figura de la mujer.

Entonces, bajo este contexto, erradicar la violencia de género se torna más complicado porque hay quienes, con tonos de indolencia, la menosprecian y la promueven. Es complejo, a su vez, en la medida en que existan padres y madres que la justifiquen; religiosos que la ignoran y la protegen; artistas que la exhiben en las líricas de sus canciones; y currículos educativos que nos enseñan a concebir las relaciones entre los seres humanos desde la desigualdad y la inequidad.

Erradicar la violencia de género es una asignatura pendiente que debe encabezar la agenda del Estado. Comencemos, por ejemplo, con propiciar una discusión entre nuestros estudiantes mediante la inclusión del currículo académico con perspectiva de género.

Este es un proyecto apremiante que tiene que encaminarse. Es un paso en la dirección correcta que nos llevará a sembrar una manera distinta de aprender a relacionarnos entre iguales; de vernos y concebirnos como seres humanos sin anteponer la condición de género o las preferencias sexuales como distinciones de una escala social en la que unos se sienten más fuertes y poderosos que otros y otras.

Es tiempo de actuar sin demoras y con urgencia.

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