Opinión: Justicia

Lea la opinión de Leo Aldridge

Por Leo Aldridge

Por décadas, miles de ciudadanos han enfrentado imputaciones de la fiscalía en la llamada Regla 6, la vista de causa para arresto. Esa vista es, en realidad, el primer contacto que tiene el ciudadano con la Rama Judicial. Un exjuez presidente del Tribunal Supremo le llamaba a esa etapa procesal la sala de emergencias de la judicatura, pues se atiende de todo, y el juez tiene que obrar rápidamente y, muchas veces, sin todos los elementos de juicio.

La famosa scintilla de evidencia es todo lo que se necesita para que una jueza municipal, con exceso de cautela, decida en Regla 6 pasar el asunto para “arriba”, donde están los jueces de mayor jerarquía. Lo fácil, lo “seguro” para la carrera judicial de un magistrado municipal que quiere escalar a ser juez de instancia, es determinar causa. Y, total, si el juez decide que no hay causa, los fiscales pueden —como podrían los del FEI en el caso contra Wanda Vázquez— acudir en alzada y tener un segundo turno al bate.

Amparados en que es una mera “scintilla” de evidencia y no tienen que probar el caso más allá de duda razonable, los fiscales se conforman con presentar un mínimo de prueba, no mostrarle todas sus cartas al imputado ni a su defensa y, en fin, aprovechar esa fase del proceso que está diseñado a favor del Gobierno.

Eso fue lo que enfrentó Wanda Vázquez el pasado viernes. Por casi tres décadas ejerciendo como fiscal, fiscal de distrito y ahora secretaria de Justicia, Wanda Vázquez no solo usó ese sistema, si no que lo explotó y defendió como gato boca arriba cuando se trataba de procesar a otros. Cuando le tocó a ella sentarse en la silla donde ha enviado sin contemplaciones a tantos otros, de momento —de súbito—, tanto ella como figuras políticas del más alto nivel, incluido el propio Gobernador, expresaron horror por el suplicio que representa ese mismo sistema de justicia criminal.

A pesar de la hipocresía, tienen razón estos nuevos indignados. Se trata de un sistema con fallas garrafales. La diferencia fundamental es que ellos —el gobernador, la secretaria de Justicia — tienen en sus manos el poder y la discreción para cambiarlo, y no solo quejarse y lamentarse como pobres víctimas.

¿Es injusto llegar a un tribunal y no saber de qué se le acusa? Claro, viola el más elemental sentido de lógica. La fiscalía tiene tiempo para prepararse, citar testigos, investigar, escudriñar la prueba —y luego de todo eso, que, a veces, bendito, ni hacen— llegan a Regla 6. En cambio, el imputado ni tan siquiera sabe de qué se le acusa y entra en la vista, en esencia, desnudo.

¿Es injusto que se presente un caso con meras declaraciones juradas, sin un ser humano de carne y hueso que declare alzando la mano y jurando decir la verdad? Sin duda es injusto.

Pero Wanda Vázquez, como secretaria de Justicia, ha impartido instrucciones a sus fiscales de línea para que, muchas veces, sea solo a través de declaraciones juradas —lo mismo que le hicieron ahora a ella— la forma en que se radiquen los casos. Así se evita que el juzgador de hechos vea el comportamiento del declarante. Así se evita que el imputado y su defensa puedan preguntarle al testigo sobre sus motivos, prejuicios o dudas sobre lo que ha testificado.

Si el procesamiento criminal contra Wanda Vázquez sirve como un baño de humildad para ella y la hace reflexionar, y si el gobernador está legítimamente horrorizado por el suplicio del sistema, deben aprovechar que tienen poder y discreción, para hacer dos cosas puntuales que ni tan siquiera requieren legislación.

La primera es que la secretaria de Justicia les instruya a todos sus fiscales que, en la Regla 6, presenten, al menos, un testimonio en vivo, y que no dependan exclusivamente de declaraciones juradas.

La segunda movida sería comenzar a notificarles a los imputados, al menos una semana antes de su citación a Regla 6, los delitos por los cuales se les procesará, de modo que la defensa tenga un tiempo razonable para investigar los hechos y el derecho. Así, ambas partes estarían razonablemente preparadas para que el sistema adversativo realmente funcione en esa etapa, y no sea, como pretenden los fiscales, un sello de goma para sus intereses.

Quisiera equivocarme, pero apuesto a que la indignación que expresaron con el sistema de justicia criminal, que por el momento ya no les toca tan de cerca, se les va a pasar pronto, y que no van a hacer absolutamente nada para corregir estas fallas. El sistema de justicia criminal no puede ser bueno cuando se usa contra otros, pero catalogarse como una patraña o una fabricación cuando va contra mí o los míos.

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