Opinión: La fiebre del 'air fryer'

Lea la opinión de Dennise Pérez

Por Dennise Pérez

Antes que nada quiero reiterar que el invento más extraordinario de los últimos años es y continuará siendo el steamer que me compré hace unas semanas y que ya me ha resultado en buenísimos ahorros de tiempo, pero particularmente de dinero.

Habiendo dicho eso, encontré un gran segundo mejor invento de los últimos años. Nunca he sido compradora y no muero por las cosas materiales. Suelo resistirme a las modas y si veo mucha promo de algo, me desconcierto y lo postergo casi inconscientemente.

Pero mi esposo compró en el Black Friday un bendito air fryer. Ya habíamos tenido un poco de experiencia con el de mi hermana, pero el precio ridículo hizo que mi marido le metiera mano. Y aquí va mi confesión. Estoy enamorada de la cosa esa.

Me gusta cocinar. Saco el tiempo porque me despeja del sinnúmero de situaciones estresantes del día a día. Es mi momento de relax, de prender la música que nadie me deja escuchar, sola,  de servirme mi vinito en el proceso y de organizarme mentalmente. Dueña absoluta del espacio. Así que el air fryer no vino a cubrir una vagancia ni mi disgusto por la cocina, como han teorizado algunos en estos días.

Para cualquier curioso de la vida, esa cosa es un fenómeno por varias razones. La rapidez con la que cocina y el hecho de que se “fría” sin aceite. Son grandes factores. Tiene algunas desventajas. Si cocinas para un familión, quizás no es tan práctico poner diez alas y esperar a poner diez más, y diez más luego, porque cuándo terminarás comiendo.

El freidor encantador no es realmente un freidor. No se fríe nada. Funciona más bien como un horno convector que circula aire extracaliente y, en consecuencia, cocina y tuesta. Las papas fritas fueron mi primer experimento. Para mí, que hace 15 años no hago nada frito en casa porque mi esposo todo lo come horneado, incluidas las papas “fritas” —cuestión de cultura— , fue una cosa de risa. Se hicieron en menos de la mitad del tiempo y quedaron de show. Además, me permitió la chulería de ponerlas a hacer con una sal de esas locas que mi hijo adora. y al final le puse un quesito por encima que yo adoro. Todo eso en minutos. La primera impresión es la que cuenta, remember.

Entonces, me quedé con la fiebre encendí’a y al otro día todos mis planes gastronómicos se hicieron en función del air fryer. Veía un pollo, y pensaba en el air fryer. Veía unas chuletas y pensaba en el air fryer. Veía una mazorca, y la imaginaba ahí en el air fryer. Empecé inconscientemente a descartar todo lo no “freíble”. Pensé en unas patitas de cerdo, pero esas aún no me convencen.

Yo me la paso haciendo empanadas argentinas porque, desde que las conocí por mi esposo, natural de Buenos Aires, las amé, me casé con ellas hasta que la muerte nos separe. Siempre he pensado que freírlas es una aberración. Y tengo testigos de que a todo el mundo que me pide que les haga, les digo que se las regalo con una condición: no freírlas.

Y en el proceso de comprobar la efectividad del nuevo aparato, me imaginé las empanadas ahí. Tuve mixed feelings porque la experiencia para mí incluye hornear, pero quise probar si de verdad el gas pelaba, o la freidora horneaba. Puse solo dos. No fuera que se me dañaran las empanadas que hago con tanto trabajo y cariño.

Las puse solitas y me fui a conversar con mi esposo. Luego de un día de dieciséis horas de trabajo, podrán imaginarse que la conversación fue muy breve, casi diplomática. Cuando regresé a la cocina, después de un chin más de 9 minutos, ya la cosa esa estaba lista. Abrí la canasta medio temblorosa, literalmente, como mago que saca una paloma. (Me imagino el estrés del mago mientras saca el manto negro. Se fastidia si no aparece la paloma…) Cuando abrí la bandeja, aparecieron aquellas dos cosas, doraditas y brillantitas, que me decían “HELLOOOOO”. Qué bella sorpresa. Mi creación más querida estaba al alcance de unos minutitos y se veían tan hermosas y tan cute.

Advertencia: el 100 % de la gente que la tenía antes que yo vive enamorada de la cosa esta, pero todos, absolutamente todos, me dicen que me cuide de la factura de la luz. Me explicó mi cuñado el otro día que todos los electrodomésticos de resistencia, halan mucha, mucha energía. Nivel cafetera, nivel blower.

Como yo con el steamer ya me ahorré el laundry, bienvenido el air fryer. ¡Eres mío!

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