Opinión: Trump y la Prensa

Lea la opinión de Alejandro Figueroa

Por Alejandro Figueroa

Cuando la administración del presidente Trump le canceló el pase de prensa de la Casa Blanca al reportero Jim Acosta de CNN la semana pasada, la secretaria de prensa Sarah Huckabee Sanders prácticamente lo acusó de haber maltratado a una ayudante de la Casa Blanca. El martes, Sanders cambio su versión y utilizó una táctica diferente, acusándolo de haberse apoderado del micrófono que comparte con docenas de otros reporteros en el cuerpo de prensa que cubre la Casa Blanca.

Respondiendo a la demanda que CNN presentó contra la suspensión del pase de prensa de Acosta, Sanders dijo: “Después de que Acosta le hiciera dos preguntas al presidente, cada una de las cuales respondió el presidente, se negó físicamente a entregar un micrófono de la Casa Blanca a un interno, para que otros reporteros pudieran hacer sus preguntas “. Descartada quedó la versión de que Acosta había forcejeado con la interna.

Sanders continuó argumentando que Acosta se ha comportado de manera poco profesional anteriormente apoderándose del micrófono por tiempo de más, y que los derechos de la prensa que están protegidos constitucionalmente no se promueven cuando un reportero “intenta monopolizar el tiempo de una conferencia de prensa”. Según esta, si no hay control sobre este tipo de comportamiento, se impide la capacidad del presidente, el personal de la Casa Blanca y los miembros de los medios de comunicación para llevar a cabo sus respectivas labores de comunicación.

¡Dios la bendiga! No hay nada peor que un reportero que es tan desconsiderado con los demás periodistas, que actúa como si no hubiera nadie más en la sala con preguntas para hacer e historias que escribir. Sospecho que, al menos, algunos de los otros reporteros en la conferencia de prensa estaban apoyando en secreto al interno en esa lucha por el micrófono. No; no en esta ocasión.

Ese es un mejor argumento que el que brindó Sanders la semana pasada; sin embargo, aún sería un mal argumento. Como alguien que ha trabajado en asuntos de prensa y comunicaciones, tanto de un gobernador en funciones como de un candidato, en defensa a la libertad de prensa, lo último que se puede abogar es que cualquier funcionario publico o candidato utilice el “aparente malhumor de un reportero” como excusa para negarle acceso a la información.

Primero, es una exageración. La Casa Blanca ya ejerce una tremenda cantidad de control sobre el acceso de los reporteros a las fuentes, que son el alma de las historias oportunas y precisas que publica la prensa para el consumo nacional e internacional. (Por ejemplo, el gobierno de Obama fue notablemente antagónico con los reporteros de Fox News). Este poder va mucho más allá del poder de decidir a qué reporteros se les pide que hagan preguntas en las conferencias de prensa. Específicamente se trata de decidir qué llamadas se devuelven, quién recibe información por adelantado, quién se beneficia del acceso a las fugas más importantes de la administración, quién recibe las exclusivas y, en cierto sentido, quién logra diferenciarse del resto de sus colegas.

Segundo, el proceso de obtener un pase de la Casa Blanca está diseñado para permitir que los periodistas, no los funcionarios del Gobierno, controlen la elegibilidad. Los principales límites impuestos por la Casa Blanca son las evaluaciones de seguridad (security clearances) que realiza para identificar a los reporteros que podrían presentar amenazas a la seguridad y los lugares que elige para las reuniones informativas de prensa, que restringen el número de personas que pueden asistir.

Si se le permitiera al presidente descartar a aquellos reporteros que le desagradan, por la razón que sea, se estarían violando los derechos que recoge la Primera Enmienda que Sanders afirma que la administración está defendiendo. Si a Trump no le gusta la forma en que Acosta hace preguntas, no tiene necesariamente que concederle la oportunidad de preguntar durante sus conferencias de prensa. Y si los colegas de Acosta en el cuerpo de prensa de la Casa Blanca creen que está monopolizando el tiempo, lo cual no es aparente, tienen formas de trabajar para así evitarlo. De hecho, al igual que acá, tienen un gremio que los agrupa que, después de todo, para el record, emitió un comunicado el martes apoyando los argumentos de la demanda de CNN.

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