Opinión: Hable, secretario

Lea la opinión del periodista Julio Rivera Saniel

Por Julio Rivera Saniel

Los jefes del gabinete del Gobernador -—todos y de todas las administraciones— son sujetos de constante escrutinio público. Y ello no debe sorprender. Después de todo, sus salarios son pagados con dinero del pueblo y su función es la de encaminar políticas públicas que, se presume, tienen el bienestar de los ciudadanos como norte.

Pero para que el escrutinio público y la constante evaluación de la gestión de los funcionarios sea completada de manera justa con el país y con los propios evaluados, es imperativo que exista apertura, que se garantice acceso.  Esto último, sin embargo, no ha sido la norma en el caso del secretario de Salud Rafael Rodríguez Mercado. Aunque, como todos los funcionarios, comenzó con la consabida ronda de entrevistas para ventilar su abultado resumé y, en este caso, sus galones como medico, muy pronto ese acceso inicial se convertiría en un hermetismo que lo ha convertido en inaccesible, a menos que la entrevista suponga, en el balance, un ejercicio de perpetuación de propaganda oficial o, por lo contrario, que hablar le resulte totalmente inevitable.

Dicen los que saben que Rodríguez es un excelente doctor. Y eso no está en duda. Sus pares y pacientes ya lo han adjudicado. Pero su desempeño como jefe de Salud de Puerto Rico ha sido puesto en duda en múltiples ocasiones tras su nombramiento y desempeño inicial. No me malentienda. Rodríguez es una persona simpática, muy amable en el trato, cordial y educada.  Pero lo anterior no es suficiente para evaluar su desempeño como titular, sobre todo porque lo que hace o deja de hacer a la cabeza de la agencia que dirige es un enorme misterio creado por su constante silencio. Un daño, a fin de cuentas, autoinfligido.

Tome usted el paso del huracán María. Probablemente, sus últimas expresiones públicas antes de entrar en su etapa de hermetismo mediático fueron aquellas en las que puso en duda un hecho que hoy es incluso, parte de la posición oficial del Estado: que tras María, y gracias a condiciones como la falta de energía eléctrica y condiciones deterioradas en la oferta médica, el número de personas muertas superaba por mucho las 64.

Al preguntársele sobre el tema, entonces, Rodríguez dejó a muchos helados con su respuesta: “Siempre, todos los días fallece gente por X o Y razón en los hospitales”, soltó. Quizá, por eso, Fortaleza decidió “esconderlo” durante toda la crisis (un dato que múltiples figuras cercanas al funcionario me han confirmado). Quizá por ese “veto” no supimos nada del funcionario, a pesar de las dudas sobre los crecientes casos de leptospirosis tras el paso de María, o los informes  sobre la falta de abastos de sangre y plaquetas, o los problemas con el servicio de diálisis en Vieques, o los señalamientos sobre insalubridad en refugios, o ahora, tras las múltiples denuncias de padres sobre las muertes de bebés en el Centro Médico. El secretario ha guardado silencio o, en su defecto, se ha limitado a emitir un comunicado de prensa. Una situación que creó, en todos los casos, un vacío de información. Y todo vacío es ocupado con rumores, denuncias o información de fuentes alternas.

Y entonces, cuando las respuestas no se producen, a pesar de solicitarse, ocurre lo de siempre: los menos creativos recurren a acusar a los medios de tener una agenda en su contra, en un intento de excusar sus propios errores. Esos silencios, que nunca son una respuesta adecuada ante la existencia de problemas reales, los magnifica hasta el punto de la crisis. La situación denunciada por padres y familiares de bebés muertos en el Centro Médico ya es una.

Con el mayor de los respetos, el momento de los silencios debe terminar, señor secretario. La accesisibilidad y las respuestas no son un favor, sino un deber para cualquier funcionario.

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