Opinión: Silenciado

Lea la opinión de la periodista Mariliana Torres

Por Mariliana Torres

La libertad de expresión lo pudo haber matado. Si se comprueba que el periodista Jamal Khashoggi fue asesinado por el Gobierno saudí, estamos ante otro espeluznante caso en contra de la libertad de prensa y expresión. Kashoggi parecería gritar: si molesto al poder, me matan. Y así, por no poder ejercer el periodismo en libertad decidió dejar su país natal  saudí y se radicó en Estados Unidos. Trabaja en el periódico norteamericano The Washington Post y, de vez en cuando, colabora como analista para las cadenas de televisión norteamericanas. Dicen que es generoso al compartir información con colegas, lo que no es habitual en el periodismo, pero también se reserva con celo las exclusivas espectaculares, como cuando entrevistó a Osama Bin Laden.

Esa fue la entrevista que le dio fama internacional. De repente quiso tener vida tradicional, casarse y formar familia en Estambul (lo digo en pasado porque aún no hay rastro de él). Pero sus deseos se quedaron en la puerta de consulado saudí en Estambul, a donde acudió a buscar documentos de rigor para contraer nupcias. Khashoggi es un periodista concienzudo y meticuloso que ofrece su opinión sobre los conflictos árabes. Tiene fama por su crítica fuerte y directa a los Gobiernos abusivos y apunta contra las reformas políticas del heredero Mohamed bin Salman. Ya saben ustedes que por opinar y fomentar la opinión pública, un ejercicio vital en el periodismo, pudo haber sido silenciado. Kashoggi no aparece. Su prometida exige apoyo internacional para desenmascarar su sospecha de que su novio fue asesinado. Arabia Saudí niega la hipótesis. Entonces, entró en escena el presidente estadounidense Donald Trump por el reclamo de la prometida de Khashoggi. Inesperadamente, salió en defensa del periodismo después de haber vapuleado el periodismo desde sus entrañas. Prometió severo castigo. ¿Sabrá él lo que implican sus palabras?

Por el momento causaron, nada más y nada menos, que el desplome del mercado de valores. Ahora la trama combina diplomacia, crimen, espionaje, mafia, petróleo, desplome de valores, venta de armas y personajes intocables del Gobierno saudí y la familia real de Arabia Saudí. Una trama digna de un guión a costa del ejercicio del periodismo. Khashoggi no se queda callado ante la injusticia y las violaciones constantes a los derechos humanos. Manejaba muy bien este tema, como es obvio, por conocimiento y experiencia. Su columna en el Post tiene miles de seguidores internacionales, así como su cuenta en Twitter. Ojalá hubieran buenas noticias sobre el caso, pero no tengo esperanza alguna. Levantar su voz, como lo hacen a diario muchos periodistas serios, ocasiona persecución y linchamiento. Este caso no se puede despachar como una simple desaparición. Las consecuencias son graves para el periodismo y la libertad de prensa.

Además, rompe relaciones diplomáticas y encarece el precio del barril del petróleo. Nuevamente, coloca en jaque la seguridad de países que han tomado auge turístico luego de librar batallas sociales y políticas. No es un suceso ordinario como han gritado miles de periodistas que todos los días pasan por amenazas, pérdida de empleos y bofetadas para evitar que publiquen la verdad. Aquí en Puerto Rico tampoco nos podemos quedar callados, pues es un golpe a la profesión y por las implicaciones económicas y políticas de los acontecimientos. De hecho, se considera ya una crisis internacional. Si se comprobara que Khashoggi fue asesinado, sería el cuarto periodista asesinado en Europa durante este año (el consulado que visitó en Estambul está ubicado en el lado europeo).

Arabia Saudí ocupa el puesto 169 de los 180 países que violan el estatuto de libertad de prensa, incluidos en la actual Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa, que anualmente publica la organización Reporteros Sin Fronteras. Cuando se examinan las causas de las desapariciones, encarcelamientos y asesinatos, son las mismas: investigaciones que llevan a cabo contra los Gobiernos y que muestran al mundo una verdad que mortifica. En 2018, no podemos olvidarnos de los 319 periodistas encarcelados, incluidos colaboradores e internautas. El barómetro mundial indica que han muerto 56 periodistas en funciones, 10 internautas y 4 colaboradores.  ¿Dónde está realmente la represión?

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