Opinión: Otro crimen cultural

Lea la opinión del representante independentista Denis Márquez

Por Denis Márquez

La formación, construcción y entendimiento de la historia de Puerto Rico tiene varios elementos y procesos. En nuestro caso particular, nuestra historia ha estado matizada y controlada en múltiples formas por nuestra condición colonial. Por otro lado, el estudio de nuestra historia y la preservación de instituciones, monumentos y documentos ha sido una constante lucha. Ejemplo reciente de esas batallas son los recortes presupuestarios a entidades gubernamentales del quehacer histórico-cultural, Gobiernos que se resisten a reconocer su importancia como parte de nuestra reafirmación nacional, y el abandono a la suerte de monumentos históricos, como el Polvorín de Miraflores, ubicado en Isla Grande, cuyo estado de deterioro avanzado denuncié recientemente en conferencia de prensa.

Desde mi oficina legislativa realizamos una vista ocular en las inmediaciones del Polvorín de Miraflores y pudimos constatar —a simple vista— el estado de abandono en que se encuentra esta joya de la ingeniería militar del siglo XVIII. Resulta inconcebible que ese importante monumento de nuestro patrimonio histórico y cultural se haya dejado a su suerte por las diversas administraciones de gobierno.

El Fortín Polvorín de Miraflores fue construido entre 1770 y 1776. En 1797, la estructura fue utilizada por España para proteger a San Juan de la invasión inglesa que, finalmente, fracasó. Según los historiadores, su construcción obedeció a dos objetivos: mantener la seguridad de Puerto Rico mediante murallas y estructuras fortificadas, e incentivar la economía de entonces a través de la construcción. Luego de la invasión norteamericana, el fortín se convirtió en una estación de cuarentena para albergar a pasajeros de barcos procedentes de lugares donde había epidemias.

Con la intención de rescatarlo, restaurarlo y preservarlo, radiqué en la Cámara de Representantes el Proyecto 1822 para declararlo monumento y lugar de valor histórico, y la Resolución 1123 para investigar sobre su estado actual y tomar las acciones pertinentes.

Resulta inconcebible que un monumento de tanto valor histórico, en una ciudad histórica como San Juan, se haya dejado a su suerte y, para colmo, rodeado de las pomposas estructuras del Centro de Convenciones.

Quedan emplazados el actual Gobierno y la Legislatura, a tomar carta en el asunto. También la recién creada Comisión Especial para Conmemorar los Quinientos Años de Existencia de San Juan, presidida por el Secretario de Estado.

El abandono por parte de los distintos Gobiernos de un monumento como el Polvorín de Miraflores representa un crimen contra nuestro patrimonio histórico y cultural. Tenemos una responsabilidad, con el país y con todas las generaciones, de dar la batalla para preservar nuestros monumentos, nuestro patrimonio nacional, estra nacionalidad.

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